El Éxodo

El éxodo es el segundo libro del Antiguo Testamento en donde se nos narra el relato histórico de la salida del pueblo de Israel del Antiguo Egipto. El término éxodo proviene del griego ἔξοδος que significa salida; sin embargo en el judaísmo, el texto tradicional es conocido en hebreo como shemoi que significa nombres. Al realizarse la traducción al latín, se adoptó dicha palabra que fue expresada como exŏdus. Numerosas transformaciones posteriores en la grafía, necesaria en cada idioma de traducción, dio lugar al término con que se conoce hoy al Libro del Éxodo.

En el éxodo podemos diferenciar dos partes principales. La primera nos cuenta como Moisés, después de una primera huida a Madián, vuelve a Egipto para liberar a su pueblo con la ayuda de Dios Yahveh, el cual se le aparece. En la segunda parte se nos describe el encuentro del Señor con Israel en el monte Sinaí. Después de haber manifestado su amor y su poder Dios establece su Alianza con los israelitas y promulga su Ley por medio de Moisés. En virtud de esta Alianza, Israel pasa a ser la “propiedad exclusiva” del Señor y a constituir una nación santa, es decir, totalmente consagrada a él.

Empieza por tanto la narración recordándonos los nombres de los israelitas que entraron en Egipto junto con Jacob, sus doce hijos Rubén, Simeón, Leví, Judá, Iscar, Zabulón, Benjamín, Dan, Neftalí, Gad y Aser. La historia de Éxodo comienza donde la historia de Génesis termina: en una gran familia con una posición crucial en el plan eterno de Dios y su migración a Egipto. José era el notable bisnieto de Abraham. Debido a su sabiduría y a su buena administración él fue enaltecido y fue honrado con un puesto en Egipto. Pero José murió y el estatus que su familia disfrutaba murió con él. En Génesis 47:27 dice: Así habitó Israel en la tierra de Egipto, en la tierra de Gosén; y tomaron posesión de ella, y se aumentaron, y se multiplicaron en gran manera. Ellos ciertamente se multiplicaron al pasar las generaciones – así que se llenó de ellos la tierra. En aquel tiempo los Egipcios temían de una invasión por parte de los Heteos al norte. Si los Hebreos se unían a los Heteos, esto significaría un riesgo real a su seguridad. Entonces impusieron labores de esclavos a los hijos de Israel. Algunos estiman que la esclavitud duró 284 años, otros dicen que duró 134 años. El rey de Egipto toma otra medida para acabar con la presión demográfica israelita, trata de destruir a Israel ordenando la muerte de todos los infantes varones. En estas circunstancias nace Moisés, un niño de la tribu de Levi. En un sentido literal, la madre de Moisés hizo exactamente lo que Faraón dijo que hiciera: puso a su hijo en el río para que muriera. Sin embargo, ella se encargo de ponerlo en una arquilla a prueba de agua y estratégicamente hizo que flotara en el río. Es entonces cuando la hija de Faraón lo encuentra, lo cuida y cría.

Moisés crece y adquiere simpatía por sus compañeros Israelitas y no pudiendo quedarse de brazos cruzados mientras sus hermanos Israelitas eran esclavizados, es entonces cuando Moisés mata a un egipcio y huye a Madián temiendo por su vida. Allí Moisés se encontró con las hijas de un sacerdote de Madián y tomó una por esposa. Durante 40 años Moisés vivió como un pastor oculto en el desierto, su vida era tan humilde que él no tenía ningún ganado al que pudiera llamar como propio, las ovejas pertenecían a su suegro. Apacentando Moisés las ovejas llegó hasta Horeb, monte de Dios, y se le apareció en una llama de fuego en medio de una zarza Jahveh. Las primeras palabras de Dios para Moisés fue llamarle por su nombre. Esto muestra de que a pesar de que Moisés era un pastor solitario y olvidado detrás del desierto, Dios sabía quien era él, y Moisés era importante para Dios. Dios se reveló a sí mismo a Moisés al declarar Su relación con los patriarcas. Esto le recordó a Moisés que Dios es el Dios de pacto, y de que Su pacto con Israel aún era válido e importante. Éste no era un “nuevo Dios” que se encontraba con Moisés, sino el mismo Dios que trató con Abraham, Isaac y Jacob. Dios explica a Moisés que ha descendido para librarlos de los egipcios y sacarlos de aquella tierra a una tierra buena y ancha. Dios le dice a Moisés que decir a los ancianos de Israel. Después de cuatrocientos años en Egipto, Moisés tenía el trabajo de anunciar que ahora era el tiempo de que los hijos de Israel regresaran a Canaán, y el de tomar la tierra que Dios había prometido a sus padres. Para tal tarea Dios le da a Moisés señales para confirmar su ministerio: La primera señal es que la vara de Moisés se convierte en culebra y en vara otra vez.

La segunda y tercera señal son que Moisés se vuelve leproso y vuelve a ser sano y que el agua se convierte en sangre y en agua otra vez.

Así pues Moisés y su hermano Aarón se presentan frente a Faraón para que deje ir a los hijos de Israel al desierto a adorar a su Dios, pero éste se niega en varias ocasiones pese a mostrarle las señales de la vara y el agua, que sus magos no tardan en imitar. Incluso Faraón les promete una libertad que luego no les da, pese al aviso previo de que de no hacerlo Dios castigaría al pueblo Egipcio de manera sucesiva con grandes males. Esto provoca las conocidas 10 plagas de Egipto:

  1. Las Aguas se convierten en Sangre (Éxodo 7:14-25)

  2. Plaga de Ranas (Éxodo 7:25, 8:1-15)

  3. Plaga de Mosquitos (Éxodo 8:16-19)

  4. Plaga de Tábanos (Éxodo 8:20-32)

  5. Muerte del Ganado Egipcio (Éxodo 9:1-7)

  6. Pústulas eruptivas (Éxodo 9:8-12)

  7. Granizo (Éxodo 9:13-35)

  8. Plaga de Langostas (Éxodo 10:1-20)

  9. Tinieblas, oscuridad (Éxodo 10:21-29)

  10. Muerte de los Primogénitos (Éxodo 11, 12:29-32)

Y finalmente, Faraón no solamente dejó ir a Israel, sino que les ordenó que se fueran. Esto era justo lo que Jahveh dijo a Moisés que pasaría: él os dejará ir de aquí; y seguramente os echará de aquí del todo (Éxodo 11:1). Este era el momento en que todos los capítulos previos de Éxodo habían anticipado. Israel ahora era libre y Faraón y sus ejércitos no les detuvieron mientras ellos partían.

Israel fue salvado a través de la destrucción de los primogénitos de Egipto, y ahora se requeriría de ellos que dedicaran a sus propios primogénitos como un memorial constante de su liberación. La ruta costera (la Via Maris, conocida como “el camino del mar”) era el camino más corto y más común para ir de Egipto a Canaán pero también era el camino donde estaban los puestos militares de Egipto así que Él les condujo por un camino diferente. Dios mostró su presencia a Israel con una columna de nube en el día y una columna de fuego en la noche. Podríamos decir que Dios preparó una emboscada para Faraón, aún después del horror de la muerte de los primogénitos el cambio del corazón de Faraón fue sólo temporal y este se decide a forzar a Israel para que vuelva a Egipto. Dios dirige a Israel a cruzar el Mar Rojo abriendo sus aguas mediante Moisés para que los hijos de Israel cruzaran sin peligro a tierra seca, escapando así de los egipcios.

Vagando por el desierto el pueblo de Israel tiene hambre y sed. Dios escucha las quejas de su pueblo y anuncia a Moisés la llegada del pan del cielo. Esta era una promesa extraordinaria, pues cada día llovería Pan, al que luego llaman Maná, y cada día debían ir a recoger lo que necesitarían para alimentarse, menos el día de guardar, que no caería, ya que ese día no se debía realizar ningún trabajo. Entonces sobrevino un ataque de los Amalecitas contra el pueblo de Israel, en respuesta a esto Moisés le dijo a Josué que dirigiera los ejércitos de Israel en la batalla, para defender a la nación en contra del ataque de Amalec, mientras él ayudaría con su cayado en la cima de un monte. Finalmente vencen gracias a Jahveh y siguiendo su camino se encuentran con su el suegro de Moisés, el cual le da consejo en numerosos asuntos.

Después de 3 meses Israel acampa en el Monte Sinaí. Durante este tiempo vieron la liberación de Dios de Egipto, recibieron su dirección en el camino que debían de andar, vieron su gloriosa victoria en el Mar Rojo, recibieron el milagroso regalo de parte de Dios de comida y agua, y vieron una batalla librada con oración que terminó en victoria sobre Amalec.

Dios pronto haría un pacto formal con Israel en el Monte Sinaí. Pero antes de que Él lo hiciera, revelaría lo que quería hacer por un Israel obediente. El pacto que Dios hizo con Israel involucraba a la ley, sacrificio y la elección de obedecer para ser bendecido, o desobedecer y ser maldecido. El pueblo esta de acuerdo en obedecer el pacto y Dios ordena que su santa presencia en el Sinaí sea respetada y establece límites que no se podían cruzar. Israel debía de mantener su distancia detrás del límite, y la penalidad por errar en mantener su distancia era la muerte.

Jahveh mandó subir a Moisés al Monte Sinaí y habló Dios todas estas palabras, diciendo: 1.No tendrás dioses ajenos delante de mí .

2.No te harás imagen y no te inclinarás a ellas.

3.No tomarás el nombre de Jahveh, tu Dios, en vano.

4.Acuérdate del día de guardar.

5.Honra a tu padre y a tu madre.

6.No matarás.

7.No cometerás adulterio.

8.No hurtarás.

9.No hablarás contra tu prójimo falso testimonio.

10.No codiciarás.

Estableciendo así los 10 mandamientos y en ese mismo momento también establece una serie de leyes que el pueblo tenía que cumplir: Leyes en cuanto a la servidumbre. Leyes con respecto a la violencia y discapacidad. Leyes en cuanto al control animal y a los daños Leyes en cuanto a la propiedad personal y la restitución. Leyes morales y ceremoniales. Leyes que promueven justicia. Leyes sobre una ceremonia devota.

Cuando Moisés baja del Monte Sinaí cuenta todas las palabras de Jahveh y todas las leyes a Israel, quienes confirma su pacto solemne con Dios. Moisés sube de nuevo al monte a encontrarse con Dios para recibir las tablas de los Diez Mandamientos, y estuvo allí arriba casi seis semanas. En este tiempo Dios le da especificaciones para el proyecto de edificación que tenía pensado, y establece que todo el material para la edificación del Tabernáculo sería provisto por el mismo pueblo. Le da instrucciones para la construcción del Arca del Pacto, instrucciones para la construcción de la mesa del pan de la preposición e instrucciones para la construcción del candelero. También le manda hacer vestiduras para sus sacerdotes y vestidos para el Sumo Sacerdote. El sacerdocio de Israel no se ganaba por el esfuerzo o se podía aspirar a éste por medio de la ambición, solamente se podía heredar por derecho de nacimiento, uno debía de nacer dentro de una familia de sacerdotes.

Viendo el pueblo que Moisés tardaba en descender del monte, se acercaron entonces a Aarón, y le dijeron: Levántate, haznos dioses que vayan delante de nosotros; porque a este Moisés, el varón que nos sacó de la tierra de Egipto, no sabemos qué le haya acontecido. Moisés se había ido por cuarenta días (Éxodo 24:18). Esto pareció ser un mucho tiempo para el pueblo, pero ciertamente era un tiempo corto en relación al trabajo del plan de Dios para Israel. Aarón respondió a la petición del pueblo y fabricó un ídolo de oro con las joyas del pueblo. Aarón estaba halagado por la respuesta entusiasta del pueblo. Cuando él vio su devoción hacia el ídolo edificó un altar delante del becerro y empezó a organizar su adoración. Mientras tanto, Dios le dice a Moisés lo que esta sucediendo en el campamento de Israel y en medio de esta gran idolatría, Moisés baja de su tiempo extendido de la cima del Monte Sinaí llevando las dos tablas del testimonio, escritas directamente de la mano de Dios. Moisés pone fin a esta desgracia y confronta a Aarón. Israel quebrantó el pacto con su idolatría e inmoralidad con el becerro de oro y Moisés, haciendo lo propio, rompe las tablas de piedra del pacto quebrantado por Israel.

El pueblo se arrepiente y gracias a la intermediación de Moisés Dios no negó a los hijos de Israel la Tierra Prometida que les había prometido a ellos y a Abraham, Isaac y Jacob. Después de que el corazón de Israel se volvió a Dios y después de que ellos se humillaron a si mismos removiendo sus atavíos, Moisés tomó el siguiente paso hacia un avivamiento y hacia una relación restaurada, inició un esfuerzo determinado para buscar a Dios, haciendo de su tienda el Tabernáculo de Reunión. Cuando salía Moisés al tabernáculo, todo el pueblo se levantaba. El pueblo observaba y notaba cuando Moisés adoraba.

Dios llama a Moisés a subir al Monte Sinaí otra vez y le dijo Alísate dos tablas de piedra como las primeras: Moisés quebró el primer set de tablas de piedra, las que fueron escritas con el dedo de Dios (Éxodo 32:19). Él quebró las tablas debido a que Israel quebrantó el pacto y ahora tiene lugar una renovación del pacto y al descender Moisés con las nuevas tablas su rostro tenía una apariencia brillante la cual era tan notable para los líderes y el pueblo de Israel que tuvieron miedo de acercarse a él. Pero Moisés relata el pacto de Dios a los líderes de Israel y tras la aceptación el pueblo de Israel empezó el proyecto de edificación y la elección de los artistas que harían cada parte del trabajo que Jahveh había detallado a Moisés, que supervisaba la obra. Moisés era el líder con la visión de Dios, con el mejor conocimiento del patrón que Dios deseaba para la construcción del tabernáculo (Éxodo 25:9). Por lo tanto, era apropiado para él el supervisar cada detalle de la construcción. Finalmente erigió el atrio alrededor del tabernáculo y del altar, y puso la cortina a la entrada del atrio. Así acabó Moisés la obra y entonces una nube cubrió el tabernáculo de reunión, y la gloria de Jahveh llenó el tabernáculo. Obviamente Dios estaba satisfecho con la obediencia de Israel y les señalaba cuando tenían que proseguir su marcha elevando la nube del tabernáculo y entonces sabían que debían levantar el campamento y seguir adelante. La gloria de Dios permanecía con Israel como una columna de nube de día y una columna de fuego en la noche.

El Libro de Éxodo termina con una gran esperanza y confianza en Dios. A pesar de que Israel estaba en medio de un desierto desolado, tenían enemigos fuertes en la Tierra Prometida, y eran débiles y propensos al pecado y rebelión, Dios estaba con ellos. Esto les dio un gran motivo para tener fe y confianza.

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