Druidismo

La palabra druida significa hombre del roble, porque ése es su árbol sagrado. Su año sacro comienza con los renuevos del roble y termina con la caída de sus hojas. Hay un dios llamado Tanaro, cuyo símbolo es el roble. Él es quien por medio de un rayo engendra el muérdago en la rama del roble, que es el remedio soberano contra la brujería y todas las enfermedades. También hay un dios del sol llamado Mabon, cuyo símbolo es un toro blanco. Y luego está Lug, dios de la medicina, de la poesía y las artes, cuyo símbolo es la serpiente. Pero todos ellos son la misma persona, un dios de la Vida en la Muerte, adorado bajo distintos aspectos, lo mismo que Osiris en Egipto. Así como Osiris es ahogado todos los años por un dios de las aguas, así esta triple deidad es matada todos los años por el dios de la Oscuridad y el Agua, su tío Nodons, y devuelto a la vida por el poder de su hermana Sulis, la diosa de la Curación, que corresponde a Isis.

La religión druídica no es practicada por las tribus como tales, sino por 13 sociedades secretas que llevan el nombre de varios animales sagrados y los miembros de cada una de las cuales pertenecen a distintas tribus, porque el mes en que uno nace -tienen un año de 13 meses- es el que decide a qué sociedad pertenecerá. Están los Castores, los Ratones, los Lobos, los Conejos, Los Gatos Monteses, los Búhos y demás, y cada sociedad tiene tradiciones propias y es presidida por un druida. El archidruida gobierna todo el culto. Los druidas no participan en los combates, y los miembros de la misma sociedad que se encuentran en las batallas entre tribus deben acudir los unos en auxilio de los otros.

Los misterios de la religión druídica están relacionados con una creencia en la inmortalidad del alma humana, en respaldo de la cual se ofrecen muchas analogías naturales. Una de ellas es la muerte diaria y el diario renacimiento del sol; otra es la muerte anual y el renacimiento anual del trigo y la fructificación anual de la simiente. Dicen que cuando muere un hombre se va hacia el oeste, como el sol poniente, para vivir en ciertas islas sagradas del Atlántico, hasta que el llegue el momento de volver a nacer. Por el territorio hay altares sagrados conocidos con el nombre de dólmenes, una piedra llana colocada sobre dos o más verticales. Se usan en las ceremonias de iniciación de las sociedades. El candidato se recuesta en la piedra horizontal y se efectúa un fingido sacrificio. Por algún artificio mágico, el druida que lo lleva a cabo parece cortar la cabeza del hombre, que es exhibida, sangrante, y el supuesto cadáver colocado debajo del dolmen, como en una tumba, con muérdago entre los labios. Después de muchas oraciones y encantamientos surge el nuevo hombre, como un niño que saliera del útero, y recibe de sus padrinos instrucciones respecto de su nueva vida. Aparte de estos dólmenes hay altares verticales, de piedra, dedicados a ritos fálicos, porque el Osiris celta también se parece al egipcio en eso.

El rango de las sociedades es decidido por la cantidad de sacrificios que el hombre hace al dios, de pie sobre la piedra horizontal de su dolmen ancestral, por la cantidad de enemigos que mata en el combate y por los honores que conquista en los juegos religiosos anuales como conductor de carros de guerra, juglar, luchador, poeta o arpista. El rango se expresa por las máscaras y los tocados que se llevan durante las ceremonias, y por los diseños azules ejecutados con zumo de glasto con que se pitan todo el cuerpo. Los sacerdotes druidas son reclutados entre los jóvenes que han alcanzado un alto rango en sus sociedades secretas y a los que se han concedido ciertas señales de favores divinos. Pero primero hay que pasar por 20 años de duros estudios en un colegio druídico, y no todos los candidatos logran ser aprobados en los 32 grados necesarios. Los primeros 12 años se dedican a la iniciación en todas las demás sociedades secretas, a aprender de memoria enormes sagas de poesía mitológica y al estudio de las leyes, la música y la astronomía. Los 3 años siguientes se consagran al estudio de la medicina. Después viene 3 años de estudios de augurios y de prácticas mágicas. Las pruebas impuestas a los candidatos al sacerdocio son inmensamente severas. Por ejemplo, hay una prueba de composición poética. Los candidatos se situan en un cajón similar a un ataúd , con la nariz solamente asomando fuera del agua que llena dicho cajón, y con enormes piedras colocadas sobre el pecho. En esa posición tiene que componer un poema de considerable longitud en los más difíciles de los muchos metros bárdicos, sobre un tema que se le indica cuando se le coloca en el cajón. Al salir, a la mañana siguiente, debe estar en condiciones de cantar el poema con una melodía que habrá compuesto simultáneamente, acompañándose con el arpa. Otra prueba consiste en permanecer ante toda la congregación de druidas, quienes le hacen preguntas en verso, en forma de enigmas, que debe contestar proponiendo otros enigmas, también en verso. Estos enigmas se refieren todos a oscuros incidentes de los poemas sagrados, con los cuales se supone que el candidato está familiarizado. Además de todo esto tiene que saber crear brumas y vientos mágicos y ejecutar todo tipo de tretas de nigromancia.

La penúltima prueba del candidato consiste en pasar la noche más larga del año sentado en una piedra movediza llamada el asiento peligroso, que se mantiene en equilibrio sobre un profundo abismo, en una montaña del oeste de la isla. Los espíritus malignos le hablan toda la noche y tratan de hacerle perder el equilibrio. No debe responder una sola palabra, sino que tiene que dirigir oraciones e himnos de alabanza a los dioses. Si pasa esta prueba se le permite llevar a cabo la última, que consiste en beber una copa de veneno y caer en un síncope de muerte durante el cual visita la Isla de los Muertos y trae de allí pruebas de su visita que convenzan a los druidas examinadores de que ha sido aceptado por el dios de la Vida en la Muerte como su sacerdote.

Hay 3 rangos de sacerdotes druidas. Están los que han pasado por todas las pruebas, los verdaderos druidas. Luego vienen los bardos, que han aprobado las pruebas poéticas pero que aún no han satisfecho a los examinadores en materia de adivinación, medicina y magia. Y por fin están los que han satisfecho a los examinadores en estas últimas pruebas, pero que aún no han aprobado su graduación poética; se los conoce con el nombre de ovates o escuchadores.

 

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