LA CAIDA DEL IMPERIO ROMANO DE OCCIDENTE. Textos de la Fundación Pastor

Textos

Manuel Fernández-Galiano El 476 y nosotros.

Javier Arce Fin del mundo antiguo e historiografía británica.

Juan José Sayas La conciencia de la decadencia y caída del Imperio por parte de los romanos. José Mª.

Blázquez La Hispania del 476.

Luis A. García Moreno El 476 visto por los germanos.

  • Fundación Pastor nº 24 – 1
    El primer texto corresponde al profesor Manuel Fernández-Galiano, Helenista y miembro destacado de la Asociación Cultural Hispano-Helénica y de la Fundación Pastor, en el cual narra la importancia de la fecha de 1976 para la conmemoración de ciertos centenarios, en el cual tiene cabida recordar el centenario del 12 de febrero de 1776, fecha en la que salía a la luz el primer volumen de The History of the Decline and Fall of the Roman Empire, obra clásica de Edward Gibbon en la que defiende su tesis de que Roma tenía que caer por la fuerza, era inevitable. Es más, Gibbon se plantea como pudo durar durante tanto siglos ya que las causas por las que se hundió fueron muchas y ellos mismo, los últimos “romanos”, se dieron cuenta de su in occasu saeculi. Fernández-Galiano nos pone sobre el papel una de las paradojas, de las tantas y tantas, que se dan en nuestro tiempos, y es la idea de que no cayó ningún Imperio en 476. La renuncia al trono de Rómulo y el ascenso de Odoacro no supuso una ruptura para las gentes del lugar. Si en cambio, marca el autor, causo mayor sensación de inestabilidad el Saco de Roma de 410. Pero el caso es que Roma cayó, Gibbon en su tesis lo define como un inevitable efecto de la suma grandeza que Roma había alcanzado. Tanto territorio conquistado no hizo más que aumentar los problemas y las inestabilidades, que precipitaron a Roma a su occasu. Otro historiador, Michael Grant, enumera otra serie de factores como causa, tales como: el fracaso del ejército, las grandes diferencias entre clases, el descrédito político, los fallos a la hora de obtener alianzas exteriores, y fallos en la propia política interna del Imperio. Fernández-Galiano nos hace ver en su texto, que hay otro factor que provoca esta caída, es un factor ideológico, ya que para Rómulo, para el propio emperador de Roma, Roma ha muerto hace un tiempo, y el Imperio como tal no tenía razón de ser. Roma se había convertido en una potencia a cambio de saquear, oprimir y exterminar a los pueblos, y eso debía desaparecer por que en cierta manera, ya no había más donde saquear, oprimir y exterminar. Desde este punto de vista, los germanos, más que una invasión son una solución, una manera de cambiar el sistema que estaba resquebrajándose y dividiéndose en provincias difícilmente gobernables desde el centro de Imperio ya sea por su alejada ubicación o por sus diferencias culturales.

 

  • Fundación Pastor nº 24 – 2
    El segundo texto corresponde al arqueólogo e historiador Javier Arce, experto en Antigüedad Tardía que enfoca el tema del fin del mundo antiguo visto desde la historiografía británica del siglo XX y nos trae la visión de varios historiadores británicos que se preocuparon de este aspecto. El primero de ellos es Gibbon, que concibió la idea de escribir su obra sentado entre las ruinas del Capitolio, según cuenta el propio historiador, y que le llevo a abrir nuevos caminos en la investigación histórica y contribuyó de manera notable a los estudios bizantinos, que desde él estuvieron ligados al desarrollo de la historia romana tardía. El detallado análisis de Gibbon a la época de Constantino es otro aspecto que destacó gracias a su obra y que nos desvela su idea optimista de continuidad del Imperio. Además atribuye como principal causa de la caída del Imperio el auge del Cristianismo. La obra de Gibbon, nos cuenta Javier Arce, esta ligada a la de J. B. Bury, ya que éste realizó la más completa edición de Gibbon y se convirtió en el gran Bizantinista británico. Manteniendo la misma tesis que Gibbon de que el Imperio Romano no dejó de existir hasta 1453, aunque por lo que se refiere al final de la parte occidental, veía que no se puede asignar una sola causa y habla de una serie de acontecimientos que ocasionaron un colapso del poder romano. Su sucesor, Norman H. Baynes también defiende esta idea de continuismo y va más allá, fusionando lo romano con lo heleno de tal forma que crea una línea directa entre Alejandro Magno, Constantino y Heraclio. Obviamente también intentó dar una explicación a la caída del Imperio Romano de Occidente señalando la diferencia entre el proceso histórico de la parte oriental sin problemas de invasiones y de la parte occidental constantemente sometidas a la presión de las invasiones, que finalmente cedió. Otra figura de la historiografía británica es A. H. M. Jones el cual seguía, como era de esperar, en esta línea de que el Imperio Romano no acabó en el siglo V. Además Jones defiende que la mayoría de historiadores que han defendido esta tesis han sido historiadores occidentales y que por ello han centrado su atención en la zona geográfica a la que pertenecen. Esta idea de la supervivencia, como vemos, ha sido permanente en la historiografía inglesa y entre las modernas teorías de dichos historiadores destaca la tesis singular de F. W. Walbank, que considera la esclavitud como causa de la pérdida de vitalidad del Imperio. Esta idea le recuerda a Javier Arce otra expresión de nuestro Ortega y Gasset y cita: el tradicionalismo romano fue la causa del fin del mundo antiguo. Por que supuso la incapacitad romana de hallar formas nuevas para problemas nuevos. El propio Arce señala que habría que investigar encaminados hacia el análisis de la necesidad del logro en la sociedad y en la mentalidad romanas.
  • Fundación Pastor nº 24 – 3
  • El tercer texto corresponde al profesor de Historia Antigua Juan José Sayas quien nos enfoca el problema de la propia conciencia de decadencia del Imperio por parte de los propios romanos. Nos llega de los propios historiadores romanos su concepción antigua de la decadencia del Imperio Romano y su actitud frente a este hecho, toca ahora salvar las dificultades de su análisis conjunto. La decadencia del Imperio no se produjo de una mondo repentino, y no supuso una ruptura o un caos estructural, y no podemos establecer un corte entre un periodo y otro, por tanto los romanos de la parte occidental no vieron en 476 un arranque de algo nuevo, diferente a lo anterior. La estructura administrativa, económica y social continuaba siendo la misma. Si tomamos los textos de algunos contemporáneos como los de Sidonio Apolinar, vemos que no hace referencia a la destitución de Rómulo por Odoacro, dentro de la ambigüedad de Apolinar hace alusión simplemente a los peligros que acechan a Roma entre 474 y 476. Aunque para ellos la fecha de 476 no tiene valor simbólico rupturista, si es cierto que desde el siglo IV muchos consideraban que se encontraban en una crisis profunda, y algunos incluso, vaticinaban el fin. Como medio esperanzador para su salvación, algunos autores paganos y cristianos se servían de la idea del ordo renascendi, Roma aeterna, ya que no esperaban un desastre inmediato, y menos con la idea de Roma vinculada al Cristianismo, para ellos Roma podía salvarse. Viendo anteriormente como algunos autores creían en una continuidad romana, Sidonio Apolinar no deja de valorar la virtualidad destructiva de los modos de vida romanos que hay en los bárbaros, que adaptan las costumbres romanas imponiendo su superioridad militar. Ese tópicoo de la división de la Historia en edades podría dar el carácter terminal de Roma que encontramos ya en Jerónimo que divide el tiempo de la Historia, hasta ese momento, en hierro, bronce, plata y oro, identificando, como no, el tiempo del oro con el Imperio Romano. Asociándolo a la última gran etapa que vivirá el mundo. Por otro lado San Agustín lo divide en seis ciudades, de la cual la sexta empieza con la venida del Salvador y el comienzo del Imperio romano, y que se cierra con la venida del Anticristo y la catástrofe final. La caída de Roma sería, por tanto, un simple episodio más del plan general del universo. Este pensamiento es el que permanece vigente en la Edad Media, ya que en cierta medida el Imperio se prolonga en los reinos germánicos y en el Sacro Imperio RomanoGermánico. La decadencia de Roma es un hecho claro, percibido de manera clara por los antiguos, que además comparan con los fenómenos similares acaecidos a otras antiguas culturas. Por su parte, los Cristianos tiene conciencia de esta decadencia del Imperio de forma muy temprana, lo vemos en dos textos proféticos, el libro de Daniel y el Apocalipsis, llevan a intuir este final. Más aún que intuir, Hipólito propuso el año 500 como fecha terminal, aproximándose así bastante en sus cálculos al momento real del fin del Imperio de Occidente. Ya desde el siglo III con la incesante presión de los bárbaros, los Romanos reconocieron estos síntomas, empezando así la decadencia romana, ligado todo esto a una presión fiscal y a la excesiva extensión del Imperio, aducida por Claudio Claudiano como causa de decadencia, haciendo que Roma conquistara más tierras de las que podía controlar realmente. Todo ello palpitaba también en los autores antiguos, no como una serie de causas concatenadas como los ve la historiografía moderna, sino como causas independientes. Existe también otra interpretación moderna, respecto a la excesiva extensión territorial, que defiende que no sería el hecho de que el excesivo crecimiento causara su ruina, sino más bien el hecho de haber dejado de expandirlos, ya que la estructura del Imperio se basaba en una economía de expansión. Al interrumpirse el proceso de expansión, la economía Imperial entró en colapso, y esto provocó la desintegración, y el consiguiente declive.

 

  • Fundación Pastor nº 24 – 4
    El cuarto texto corresponde al historiador y Catedrático de Historia Antigua José Mª. Blázquez, que además es Académico Numerario de la Real Academia de la Historia y nos escribe que poco antes de la fecha clave de este trabajo, 476, la península Ibérica vivió una serie de hechos que serían fundamentales para los siguientes siglos. Julio Nepote, que contaba con el apoyo de Eurico, rey de los Visigodos, fue destronado por Orestes, que proclamó a us hijo como Rómulo Augustulo. Al año siguiente, 476, Odoacro destronó a Rómulo y envió las insignias imperiales a Zenón, emperador de Oriente. Pocos años antes Eurico saqueó Lusitania y se apoderó de Pamplona, Zaragoza, Tarragona y Tarraco entera. La ocupación visigoda controlaba gran parte de Portugal, Extermadura, Castilla, Navarra, Aragón y Cataluña. En 475, Eurico recibió oficialmente el territorio. Abadal afirmó que existían tres estructuras de gobierno en estos momentos que Blázquez nos narra: la visigoda, que sustituyó a la estructura romana; la civil romana, que administra la población indígena, aunque progresivamente perderá poder y desaparecerá; y por último, la eclesiástica, que será la que ocupe el lugar de la anterior y toma en su mano la representación y dirección de la población romana. La intervención de los obispos galaicos no es más que el desplazamiento de la autoridad político-civil romana, hacia la autoridad eclesiástica. A Eurico deben los Visigodos la primera codificación del derecho consuetudinario, la lex Visigothorum, con base esencialmente romana. A raíz de esto, el príncipe de los Ostrogodos Vidimero, conducido por le emperador Glicero, se fusiona con el pueblo de los Visigodos. Al morir Eurico en 484 hereda su trono su hijo Alarico. El asentamiento de los Godos como asentamiento definitivo del pueblo, no del ejercito data de algo después de 476. Menéndez Pidal y Sánchez Albornoz han supuesto que este establecimiento dejó una huella profunda en la Tierra de Campos y en la región de Zaragoza. Abadal propone la hipótesis de un primer establecimiento de Godos en Castilla hacia 462, período de luchas de Suevos y Godos, lo que no quita la posibilidad de un segundo establecimiento en estas mismas regiones. La ocupación de las tierras hispanas por Eurico son fruto de un plan propio, mientras que sus predecesores Teodorico I y II, penetran en la península por el tratado de federación que les “impone” el Imperio Romano. La posición de los reyes godos con respecto al Imperio habían cambiado sustancialmente, hay una mayor independencia del Imperio hasta llegar a la plena soberanía territorial. Según Apolinar, Eurico es el primer rey godo que rompe el tratado, por tanto el año 476 se puede considerar como fecha simbólica de la independencia de los Visigodos del Imperio Romano, según nos cuenta Blázquez.

 

  • Fundación Pastor nº 24 – 5
    El quinto y último texto corresponde al historiador y miembro de la Real Academia de la Historia Luis A. García Moreno, que nos analiza el problema desde el punto de vista de los Germanos del último cuarto del siglo V, que carecen de una historiografía propia. Los abundantes testimonios de la Wolkerwanderung germánica provienen de los Romanos, ya que en cierto modo los Germanos carecían de una literatura escrita, cosa que suplían con el florecimiento de una época heroica de carácter oral. En dichos ciclos épicos aparecen como elementos ordenadores la expansión del imperio de los Hunos sobre el mundo germánico, la aventura de Teodorico y la expansión de los Merovingios al este del Rhin. Con el surgimiento de los reinos romano-germánicos, la antigua aristocracia tribal y la nueva de servicio de estirpe germánica pasó a ocupar un puesto preponderante, juntamente con los descendientes senatoriales romanos. Para fundamentar la legitimidad de las nuevas estructuras fusionadas, había que asumir la herencia nacional germánica, dueña por derecho de conquista. Es así como a partir de los siglos VI y VII surgen las historias nacionales o de estirpes germánicas. Jordanes, que procedía de un importante linaje ostrogodo, escribió su Getica, justamente en tiempos de la guerra con los Bizantinos. Su obra muestra su amor por su pueblo y su admiración hacia el orgullo y valor de los Godos. Isidoro de Sevilla, procedente de una familia de Hispanorromanos del sur de la península, escribe en su Historia Gothorum, sobre las finalidades políticas, a modo de ideología que justifique la legitimidad de la monarquía gótica en oposición a todos su vecinos. No hay ni una mención al poder imperial de Roma, que continuaba gobernando de forma legítima en Oriente. Gregorio de Tours, de familia galorromana de la Auvernia en su Historiarum libri decem legitimaba el poder del dominio franco sobre toda la Galia, en oposición a todos sus vecinos, lo que, según él, era producto de todo un plan divino. En este marco el reinado de Clodoveo era una pieza fundamental de tal legitimación. En este contexto el 476 no podía ocupar ni una sola línea, por tanto de Tours ni tan siquiera lo menciona. Viendo el recuerdo popular germano de la épica y la consciencia histórica de los grupos dirigentes de estos nuevos reinos romano-germánicos, la deposición de Rómulo Augústulo de 476 no tuvo a penas impacto para ellos.

 

BIBLIOGRAFÍA

-Arce J. Fin del mundo antiguo e historiografía británica. Cuadernos de la Fundación Pastor nº24. España. 1980.

-Balard, M., Genêt, J-P., Rouche, M. De los bárbaros al renacimiento. 1989. Madrid. Ed. Akal.

-Blázquez, José Mª. La Hispania del 476. Cuadernos de la Fundación Pastor nº24. España. 1980.

-Bury, J.B. Autobiography of Edward Gibbon. 1907 Oxford.

-Fernández-Galiano, M. El 476 y nosotros. Cuadernos de la Fundación Pastor nº24. España. 1980.

-García Moreno, Luis A. El 476 visto por los germanos. Cuadernos de la Fundación Pastor nº24. España. 1980.

-Nieto, F.J. (coord.) Historia antigua de Grecia y Roman. 2005. Valencia. Ed. Tirant Lo Blanch

-Sayas, J.J. La conciencia de la decadencia y caída del Imperio por parte de los romanos. Cuadernos de la Fundación Pastor nº24. España. 1980.

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