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ENSAYO BIBLIOGRÁFICO: EL “DESASTRE” DEL 98 Y EL PESIMISMO ESPAÑOL DURANTE EL SIGLO XX.

  • Santos JULIÁ (coord.) et al.: Debates en torno al 98: Estado, Sociedad y Política, Madrid, Consejería de Educación, 1998.
  • Rafael NUÑÉZ FLORENCIO: El peso del pesimismo. Del 98 al desencanto, Madrid, Marcial Pons, 2010.

Introducción sobre ambos libros, hecho histórico y autores.

Los dos libros a tratar en este ensayo biográfico son, en primer lugar, un volumen donde se reúnen 7 conferencias sobre la significación del 98 con el título Debates en torno al 98: Estado, Sociedad y Política, realizado en 1998 con motivo del centenario de la pérdida de las últimas colonias y de la derrota frente a Estados Unidos. Este libro está coordinado por Santos Juliá, que será a quien tomaremos como referencia para el análisis y comparación con el otro libro, en este caso de Rafal Núñez Florencio. Este segundo libro titulado El peso del pesimismo. Del 98 al desencanto de 2010 traza un cuadro general del pesimismo como actitud de grupo en diferentes épocas, analizando las diversas manifestaciones pesimistas de la reciente historia española.

Ambos volúmenes toman como base el conflicto bélico de 1898 entre España y los Estados Unidos, en el cual España fue derrotada perdiendo la isla de Cuba, Puerto Rico, Filipinas y Guam. El resto de posesiones españolas del Extremo Oriente fueron vendidas al Imperio Alemán mediante un tratado al año siguiente, desprendiéndose por tanto de Marianas, Palaos y las Carolinas. Estos hechos provocaron en la sociedad contemporánea un sentimiento de fracaso absoluto, motivados por otros problemas que más adelante abordaremos. Este es el tema en torno al que ambos libros construyen su discurso, ese sentimiento de fracaso, esa idea fatalista y pesimista de que España había tocado fondo. Ambos libros nos exponen estas ideas de forma muy diferente, pues uno se basará en lo meramente político para entender todo este proceso, y el otro se basará en todo lo relacionado con la cultura y la sociedad de la época.

En cuanto a los autores, Rafael Núñez Florencio es Doctor en Historia (Especialidad Historia Contemporánea) y profesor de Filosofía (Didáctica e Historia del Pensamiento) y tiene, además de la aquí mencionada, numerosas obras relacionadas con este mismo tema como son: Tal como éramos. España hace un siglo (1998), Sol y Sangre. La imagen de España en el mundo (2001), Hollada piel de toro. Del sentimiento de la naturaleza a la construcción nacional del paisaje (2005), en cuyos volúmenes trata de esbozar una visión del conjunto de la España de 1898, luego una imagen de España desde finales del siglo XVIII a comienzos del XIX, para acabar profundizando, en el último libro mencionado, en la percepción interna de la propia visión de los españoles del propio territorio. Finalmente, como él mismo lo anuncia, El peso del pesimismo. Del 98 al desencanto es la culminación a todo esto que ha ido investigando, analizando de manera muy minuciosa y con decenas de ejemplos de autores y artistas la impronta real que tuvo ese pesimismo de España.

El otro volumen, que, como hemos dicho es un compendio de ponencias de una conferencia convocada en el Círculo de Bellas Artes por la Consejería de Educación y Cultura de la Comunidad de Madrid, ocupándose de forma monográfica del Estado, la política y la cultura política en relación con 1898 y sus consecuencias en los años siguientes. Consta, por tanto, de varios autores como son: José María Jover, Juan Pablo Fusi, José Álvarez Junco, Teresa Carnero, Carlos Serrano, Borja de Riquer i Permanyer y Santos Juliá. Todos ellos de incuestionable peso específico en esta materia y de los cuales no hablaremos individualmente para no alargar en exceso esta introducción. Nos centraremos en la figura de Santos Juliá, además de por ser el coordinador del libro, por ser autor de numerosos trabajos sobre historia política y social de España que tanta relevancia tienen. Es doctor en Ciencias Políticas y Sociología, además de Catedrático del Departamento de Historia Social y del Pensamiento Político de la UNED. Ha escrito publicaciones como Un siglo de España: Política y Sociedad (1999), o Historias de las dos Españas (2004), por el que recibió ese año el Premio Nacional de Historia de España, además de numerosos artículos en el que destacaré Anomalía, dolor y fracaso de España (1997) en el que trata muy a fondo el tema que ocupa a este ensayo bibliográfico. No podemos dejar de mencionar a Juan Pablo Fusi autor de El desafío de la Modernidad donde se trata el tema de si España fue un país normal o si, verdaderamente, fue un país que sufrió un fracaso tras otro.

Características comunes.

En cuanto a las características que ofrecen ambos libros y son comunes o similares destacaremos en primer lugar que ambos se posicionan en la idea de normalidad en el desarrollo de la historia de España típica de la corriente historiográfica del momento. Ambos conceden a la idea de decadencia un aura de mito o de instrumento ideológico e instan a su revisión. Ambos libros posicionan esta idea de crisis en la conciencia nacional que lleva al derrotismo sobre los intelectuales quienes escriben muchísimo sobre ello e impregnan a la sociedad de su decadencia. Estos intelectuales son aquellos “que se presentan a sí mismos como tales o a quienes la opinión pública como tales reconoce”[1] y que participaron en debates públicos en donde se solicitaba su opinión, aunque eran ignorados por los políticos. Sin embargo, el público no los ignoraba, e incluso se podría decir que los tenían mitificados. Ambos libros los describen como un ser “impelido por el papel que le tocaba desempeñar, que mantenía con frecuencia una crítica inmisericorde y adoptaba una actitud displicente, descreída, cuando no abiertamente catastrofista”[2] en donde se entiende que el intelectual regeneracionista se encontraba como representante de un rol en el que debía jugar el papel de profeta del pesimismo y el desastre de España. Es decir, utilizando un término actual, que actuaban con cierto “postureo” en donde ellos mismos llegaban a creerse ese derrotismo y esa necesidad de regeneración, ya que como expresa Valera y recoge Juliá en su trabajo: “quien aspira a regenerarse empieza por creerse degenerado”[3]. Ambos libros nos muestran a estos intelectuales plagados de un sentimiento de angustia moral ante la crisis, y que no llaman al pueblo a la acción, ni se asocian, ni exigen elecciones, simplemente protestan a modo de lamento. Y sería ésta generación del 98, generación de intelectuales, la que enarbolo la idea de decadencia y fracaso que se extendió durante varios años, que expandió la idea de la degeneración de la raza y la muerte de la nación.

La idea de rechazo y revisión a esta decadencia y a este fracaso, visible en ambos libros es matizada por Núñez cuando nos expone que Fusi habla, ya no de un fracaso, sino de un éxito. Se analizan en ambos libros como España fue un país con un desarrollo económico y político normal y comparable al resto de países de la Europa de ese momento. Ambos libros inciden en la idea de que los del 98 “inventaron una España rural, moribunda, fracasada”[4], aunque Núñez va más allá y nos advierte del peligro del péndulo, de caer en una estimación diametralmente opuesta sustituyendo el mito del fracaso por una estela de relativos éxitos. Recalcan ambos libros la idea de que el pesimismo, en todas sus formas, ha sido una constante en la sociedad española.

También desde ambos libros se nos dibuja la idea de la política exterior concebida como un fracaso permanente, al ser básicamente un “juego de diplomacia controlado por el ultimátum, el acuerdo de reparto y el tratado de garantía que podría explicar la presencia, en el año mencionado (1898), de un determinado clima de psicología colectiva no enteramente coincidente con el tan repetido pesimismo. Sino más bien con el sentimiento de riesgo indefinido que resulta, en la opinión pública, de la práctica de una diplomacia secreta”[5] lo que causa una falta de confianza y de fe en el Estado.

Núñez establece que el pesimismo es un rasgo definitorio de España del siglo XX, pero no lo atribuye exclusivamente a este tiempo ni a este país, remarca que desde el siglo XVIII la cultura española ha sido para nosotros más problemática que la cultura francesa para los franceses, pero pese a esto no hay una especificidad, al igual que remarca Fusi en su entrada que la sincronía con la evolución histórica de Portugal, España e Italia es evidente y que “habrá, pues, que concluir que la realidad política de la España de 1876-1914 no era excepcional ni anormalmente distinta de la realidad europea de esos mismos años”[6].

También es significativo remarcar que esta obsesión por la degeneración no puede, ni debe, vincularse a un acontecimiento único ni tampoco pensarse como moda y ambos libros recalcan que “venía de antes, de la multitud de informes sobre los efectos que la introducción del maquinismo y las grandes fábricas producía entre la nueva clase trabajadora […] ningún ejército vencido y derrotado ha presentado un espectáculo más lamentable que el ejército industrial triunfante. Esa población degradada y corrompida formando una masa de hombres golpeada sin piedad por la viciosa constitución de la de la industria”[7]. “Vincular esta degeneración o decadencia tan sólo a nuestro 98 constituye un reduccionismo insostenible”[8] ya que podríamos definir una decadencia tradicional y una moderna, en el caso de la primera en donde podríamos enlazar directamente con la Leyenda Negra española como base de ella: “Es la España negra, una determinada España de las tenebrosas mazmorras de Felipe II y de los oscuros ropajes inquisitoriales, la España que da lugar a la Leyenda Negra, el país retratado en los ágiles trazos de Goya, la nación del luto cotidiano o solemne, sacro y profano, de Bernarda Alba a las procesiones de la Semana Santa. En cierto modo estaríamos en una continuación o complemento de la España esperpéntica, un país que, cuando no vive esas convulsiones, goza de la paz… de los cementerios”[9].

Otro tema que tratan ambos libros es la irrupción del catalanismo en la política española como “reacción catalana ante el desastre elaborando proyectos de intervención en la política española, con el objetivo de abrir el juego político, de acabar con el nocivo sistema del turno, para así, finalmente, poder reformar el Estado y adecuado a la realidad, o realidades, sociales”[10]. Así se refleja también en la obra de Núñez cuando nos anuncia que Maragall dice que: “España ha llegado a tal punto de debilidad y decaimiento, que ni siquiera le restan fuerzas para mantener despierto su instinto de conservación; ni siquiera puede extranjerizarse”[11]. Describen el catalanismo como resultado o corolario inevitable de los errores de la política en Madrid. Tema que Núñez explota más en su libro con la idea de la decadencia del territorio y el abandono de la tierra que sufre Castilla.

Pero este tema del nacionalismo no es exclusivamente español ya que “nacionalismo y nacionalidades fueron el problema esencian de los imperios ruso, austro-húngaro y otomano entre 1860 y 1914”[12], lo que pasa es que desde la España de finales del siglo XIX se pensaba que “lo que distingue a las grandes naciones como Francia e Inglaterra es la unidad, pero la cuestión es que los españoles no hemos sabido unirnos. Divididos estábamos cuando nuestros triunfos por todo el mundo y divididos seguimos”[13]. Dejando así claro el paralelismo entre la política española y buena parte de la política europea, base en este revisionismo sobre el “desastre español” y ya de paso en el paradigma de la débil nacionalización superado ya.

Así pues, vemos que en ambos libros la idea de excepcionalidad del caso español queda totalmente descartada, además rechazando las 3 posibles interpretaciones que habían estado gravitando sobre la visión de la España contemporánea anteriormente:

  • El estereotipo romántico, forjado en torno a 1830-1840 que presentaba a España como un país trágico y dramático.
  • La idea de España como problema creada por la generación del 98 que hemos mencionado anteriormente.
  • Y las interpretaciones historiográficas excepcionalitas de Sánchez Albornoz o Américo Castro.

Diferencias significativas.

En cuanto a las características que hacen diferente estos dos libros la más destacable es el soporte político en el que se basan los debates coordinados por Juliá, contrastando con el cultural con el que se basa el libro de Núñez. En la compilación de ponencias encontramos monografías diversas que nos hablan del Estado Español como hace Fusi, de la cultura política del momento como lo hace Álvarez Junco, del sistema de partidos y parlamento como lo hace Teresa Carnero, de las oposiciones antisistema existentes en ese momento como lo hace Carlos Serrano, de la irrupción del catalanismo en la política española como lo hace Riquer i Permanyer. Sin embargo, Núñez, como filósofo que es, nos habla de melancolía, de decadencia, de abulia, de desastres, de desolación, de quijotismo, de esperpentos, de negrura, de fracaso y de desencanto en donde nos muestra más que el devenir político, las diversas manifestaciones pesimistas que se dan. Con un sinfín de ejemplos literarios y artísticos que nos llevan a entender como este grupo de intelectuales veía lo que pasaba políticamente y lo transmitía a la sociedad. Un mismo enfoque, tratado de forma y con fuentes totalmente distintas.

También cabría destacar la cronología de ambos libros que, aunque no muy separados en el tiempo, se llevan 12 años y es algo significativo. Pero lo que sin duda difiere es la intencionalidad de ambos libros. Por una parte, el volumen coordinado por Juliá busca explicar el fenómeno de la regeneración o de los intelectuales en términos de deslegitimación del sistema político. Por otro lado, Núñez quiere hacernos ver este fenómeno como una actitud de grupo y un espejo de la época, que, aunque estrechamente ligadas a las actuaciones políticas toman otro cariz desde la visión de Núñez.

En el volumen Debates en torno al 98: Estado, Sociedad y Política, menos la intervención del propio Santos Juliá, ningún otro ponente nombra a los intelectuales ni se basan en sus escritos para explicar ese opinión o sentimiento de decadencia. Sin embargo, Núñez utiliza, en todo su libro, a estos intelectuales y hace referencias constantemente a sus escritos. Incluso nombra a pintores que expresaron eso mismo con imágenes, adjuntando en el libro las imágenes pertinentes. Como vemos son dos fuentes diferentes que caracterizan uno y otro volumen.

Es evidente que no estamos tratando dos volúmenes creados de la misma forma, es decir, el libro de Núñez es en sí un libro, creado de principio a fin por el propio autor con una idea clara de cómo iba a desarrollarse en general, con unos puntos claros, una conclusión clara y una línea cronológica y temática. Sin embargo, el otro volumen es un compendio de ideas de historiadores completamente diferentes y que son reproducidas de lo dicho en las conferencias, menos en el caso del texto del profesor José María Jover, que prefirió reeditar y publicar su trabajo. Es por ello que no tiene un sentido de conjunto, pese a que tratan el mismo tema. La motivación que llevó a estos 7 conferenciantes a pronunciarse sobre este tema es la participación en el debate sobre la significación del 98 en la sociedad y en la política española, en el aniversario de la fecha. Entendiendo que son expertos y, por supuesto, han realizado otros trabajos sobre el tema. En cambio, la motivación de Núñez viene de lejos, ya que como hemos dicho en la introducción de este ensayo, no es el primer volumen que dedica a esta cuestión y este libro sirve como colofón a su investigación.

Conclusiones.

Los acontecimientos ocurridos en 1898 marcaron de forma singular el devenir de España, y sin duda han sido fruto de opiniones, debates y controversias, que incluso llegan a nosotros muchos años después. Sin embargo “si escrudiñamos la historia con intención malévola, aunque inconsciente, apenas podrá encontrarse momento ni caso histórico que no resulte deplorable ni alma de pueblo alguno que no aparezca enferma, corrompida y viciada. Pero eso no será por el hecho en sí sino por la mirada que sobre el hecho se proyecta. Si se miran las cosas de otro modo, se percibirían también junto a las miserias, las grandezas, junto a los errores, los aciertos, junto a las maldades, las virtudes”[14]. Viendo esta idea de, podríamos llamar, exageración de los males del pasado, “es normal que se haya supuesto una nueva evaluación del pasado. El peligro ahora es el de caer en una estimación diametralmente opuesta, sustituir el mito de los fracasos en una estela de relativos éxitos”[15].

Podemos concluir después de leer ambos libros que esta idea de fracasos consecutivos que estaba sufriendo, o provocando, España venía fraguándose de antes de 1898, pero que este fue el momento en el que estalló. La idea de regenerar España está ligada a una idea de degeneración ya existente. Es por ello que, como dice Juliá podríamos definir a estos intelectuales que tanto pesar sentían por la España degenerada como anti-liberales, en el sentido que construían un relato reaccionario y autoritario para “salvar España”. Es importante que ahora, con más de un siglo de distancia reevaluemos la situación real de la España de fin de siglo XIX y principio de siglo XX y nos preguntemos si esa idea de pesimismo ha sido una constante en la sociedad española como Núñez afirma y que “ha marcado decisivamente la realidad española de siglo XX, aunque no podemos hablar de cien años de depresión porque no ha habido una continuidad sombría.”[16]

Podemos entender esta idea de la decadencia como un mito, utilizado como instrumento ideológico y sobretodo político, un mito más de los muchos que hay que ayuda a distorsionar el pasado en beneficio de algunos. Este mito de decadencia podemos rastrearlo no solo para la época Contemporánea, sino también para la Moderna siendo utilizados para justificar ciertos comportamientos político, avivados, como es este caso, por toda la literatura pesimista que los intelectuales realizaron, pero también por las crónicas o “historias” escritas por los propios historiadores y/o cronistas para épocas más anteriores. Las revisiones que la historiografía de los últimos años está ejecutando son clave para hacer una historia sin mitos ni tópicos que confundan la verdadera historia. Salvando las distancias, cabría reflexionar si el momento político y económico que vivimos actualmente junto con el malestar social que existe será interpretado como una continuación de ese pesimismo latente, o si se verá reflejado en el futuro una manipulación o utilización de dicho sentimiento como vemos ahora cuando mirando al pasado.

 

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[1] Santos JULIÁ: “Retóricas de muerte y resurrección: los intelectuales en la crisis de conciencia nacional” en Santos JULIÁ (coord.) et al.: Debates en torno al 98: Estado, Sociedad y Política, Madrid, Consejería de Educación, 1998, pp. 159.

[2] Rafael NUÑÉZ FLORENCIO: El peso del pesimismo. Del 98 al desencanto, Madrid, Marcial Pons, 2010, pp. 39.

[3] Santos JULIÁ: “Retóricas de muerte y resurrección: los intelectuales en la crisis de conciencia nacional” en Santos JULIÁ (coord.) et al.: Debates en torno al 98: Estado, Sociedad y Política, Madrid, Consejería de Educación, 1998, pp. 171.

[4] Rafael NUÑÉZ FLORENCIO: El peso del pesimismo. Del 98 al desencanto, Madrid, Marcial Pons, 2010, pp. 407.

[5] José María JOVER: “Teoría y Práctica de la redistribución” en Santos JULIÁ (coord.) et al.: Debates en torno al 98: Estado, Sociedad y Política, Madrid, Consejería de Educación, 1998, pp. 51-52.

[6] Juan Pablo FUSI: “El estado español en el fin de siglo”, en Ibid., pp. 70.

[7] Santos JULIÁ: “Retóricas de muerte y resurrección”, en Ibid., pp. 164-165.

[8] Rafael NUÑÉZ FLORENCIO: El peso del pesimismo. Del 98 al desencanto, Madrid, Marcial Pons, 2010, pp. 59.

[9] Ibid., pp. 265.

[10] Borja de RIQUER I PERMANYER: “La irrupción del catalanismo” en Santos JULIÁ (coord.) et al.: Debates en torno al 98: Estado, Sociedad y Política, Madrid, Consejería de Educación, 1998, pp. 138.

[11] Joan MARAGALL: “Problemes del día. Artícles” en Obres Completes, vol. XVII, Barcelona, 1934. Pp.73-74.

[12] Juan Pablo FUSI: “El estado español en el fin de siglo”, en Santos JULIÁ (coord.) et al.: Debates en torno al 98: Estado, Sociedad y Política, Madrid, Consejería de Educación, 1998, pp. 63.

[13] Rafael NUÑÉZ FLORENCIO: El peso del pesimismo. Del 98 al desencanto, Madrid, Marcial Pons, 2010, pp. 64-65.

[14] Santos JULIÁ: “Retóricas de muerte y resurrección”, en Santos JULIÁ (coord.) et al.: Debates en torno al 98: Estado, Sociedad y Política, Madrid, Consejería de Educación, 1998, pp. 171.

[15] Rafael NUÑÉZ FLORENCIO: El peso del pesimismo. Del 98 al desencanto, Madrid, Marcial Pons, 2010, pp. 437.

[16] Ibid., pp 439.

 

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¿Qué es, y qué ha sido la CULTURA?

Primero, con la Historia de las Ideas del siglo XVIII y principios del XIX la cultura estaba asociada al pensamiento, a la filosofía y a la ciencia. Los avances y cambios culturales se debían a logros individuales de figuras magistrales.

Con la llegada de Annales y los Marxistas la cultura pasó a ser un hecho inseparable de la acción, asociado esta vez a las actitudes, las creencias religiosas y/o mágicas, las mentalidades colectivas y los sentimientos. La 3r generación de Annales definió la cultura como creencia colectiva o imaginario colectivo.

Más tarde, y a partir de la eclosión de finales de los 70 de nuevas formas historiográficas, se entendió la cultura como un sistema de supervivencia en un mundo lleno de peligros reales e imaginarios, como parte indisociable de la lucha de clases, hasta llegar a entender la cultura, no solo como uno de los niveles de la actividad humana, sino como el filtro a través del cual los individuos y los grupos dan sentido al mundo, y cuya reconstrucción (tarea del historiador) resulta indispensable para entender las sociedades.

EL FINAL DE FERNANDO VII Y EL PROBLEMA SUCESORIO

Fernado VII
Retrato de Fernando VII con uniforme de capitán general, por Vicente López Portaña (c. 1814 – 1815). [Museo del Prado]

El año 1830 presenta un punto de inflexión entre tres perspectivas políticas. Los liberales, por un lado, que aumentaron sus expectativas de insurrección por la revolución de julio en Francia, y, por otro lado, en la cuestión dinástica se forjaron dos modelos: los realistas-carlistas y los reformistas-fernandistas (más tarde isabelinos). Fernando VII había inclinado la balanza política hacia el lado reformista, cosa que no gustó a los realistas por lo que vieron en su falta de descendencia la posibilidad de que su hermano, Carlos María Isidro de Borbón y Borbón, heredara la corona y dispusiera unas políticas más acordes con sus ideales. Cuando el 17 de mayo de 1829 fallece la tercera esposa del Rey, Amalia de Sajonia, los realistas-carlistas ven sus esperanzas casi conseguidas, pero en ese momento el Rey preparó una jugada estratégica que cambiaría totalmente el tablero de juego. El 26 de septiembre de ese mismo año, el Rey, anunciaba públicamente su compromiso con María Cristina de Borbón-Dos Sicilias con quien se casó el 11 de diciembre de 1829. Además, el 31 de marzo de 1830 promulgó la Pragmática Sanción que en 1789 su padre, Carlos IV, había aprobado sin que llegará a entrar el vigor. Esta Pragmática Sanción abolía la Ley Sálica, la ley que impedía que la sucesión de la corona recayera en una mujer. Este movimiento de Fernando VII se vio esclarecido cuando un mes después anunciaron que la reina María Cristina estaba embarazada, de este modo, el rey aseguraba que su descendiente gobernaría España, independientemente de su sexo y cerraba el paso al infante Carlos y a la oposición realista.

Para los reformistas y las elites de palacio la sucesión al trono del infante Carlos paralizaría y bloquearía las reformas, la rapidez de la boda demostraba la urgencia de un heredero y la promulgación de la pragmática con antelación al conocimiento del sexo del heredero se prestaba a dar cobertura jurídica y legitimadora a la sucesión en caso de ser de sexo femenino, como fue el caso. El 10 de octubre de 1830 nacía María Isabel Luisa de Borbón y Borbón-Dos Sicilias, hija y heredera legítima de Fernando VII, dejando al infante Carlos al margen de la herencia regia. La situación abrió una crisis política entre 1830 y 1833, librada sobretodo en palacio que tuvo su punto de inflexión en los sucesos de La Granja de 1832, donde las conjuras palatinas y las actividades en favor de la causa carlista llegaron a su final.

El 18 de septiembre de 1832, cuatro días después de haberse acentuado la enfermedad del rey, personajes con notable influencia en palacio, como el confesor del Rey o Francisco Tadeo Calomarde, presionan tanto al Rey como a la Reina con la velada amenaza de una guerra civil. La reina, viendo que no contaría con el apoyo de estos durante la Regencia a la muerte del rey, convence a Fernando VII para que acceda a su petición de derogar la Pragmática Sanción, y, por tanto, la validez de la Ley Sálica. Los carlistas inclinan momentáneamente, y por última vez, la balanza a su favor.

Diez días más tarde, el 28 de septiembre los reformistas y personajes de palacio vinculados a la causa isabelina recuperar terreno y consiguen la anulación de la derogación de la Pragmática Sanción y por tanto vuelven a conseguir la legitimidad de Isabel como heredera al trono. Esto supuso una irreversible consolidación de la estrategia reformista. El Gobierno quedó destituido y significó el fin político de Calomarde mientras se formaba un nuevo gobierno sin presencia de personajes ultras. El reformismo de los fernandistas adquiría un nuevo tono al desligarse de los presupuestos ultras, lo que significaba un proceso de transición. Así se acababan siete años de enfrentamientos entre ultras y reformistas, los ultras eran apartados y se plantea la negociación con los sectores liberales moderados.

Para ver este tema en profundidad analizaremos la Gaceta de Madrid, nº1 del 1 de enero de 1833 en la que se describe en un artículo de oficio la salud del Monarca: «El Rey, nuestro Señor continúa perfectamente en su convalecencia. Acompañado de su augusta Esposa la Reina nuestra Señora ha salido hoy a paseo a la una del día, […]» Sin embargo, lo más característico de este documento es el real decreto que viene a continuación. En él se describe como la Reina «por disposición del Rey, mi muy caro y amado Esposo, que para un asunto del Real servicio se presenten a S. M. las personas siguientes […]» cita a una serie de personas para que el día 31 de diciembre se reúnan en la cámara del rey quien, estando todos presentes, hace entrega de una declaración escrita de su propia mano que mandó leer a Don Francisco Fernández del Pino, notario mayor de los reinos.

En dicha declaración Fernando VII anuncia que la anterior derogación de la Pragmática Sanción realizada por él es nula y de ningún valor, alegando que se le engañó para tomar tal decisión pensando que estaba en juego la paz del reino. «La turbación y congoja de un estado, en que por instantes se me iba acabando la vida, indicarían sobradamente la indeliberación de aquel acto, si no la manifestasen su naturaleza y sus efectos. Ni como Rey pudiera Yo destruir las leyes fundamentales del reino, cuyo restablecimiento había publicado, ni como Padre pudiera con voluntad libre despojar de tan augustos y legítimos derechos a mi descendencia. Hombres desleales ó ilusos cercaron mi lecho, y abusando de mi amor y del de mi muy cara Esposa a los españoles, aumentaron su aflicción y la amargura de mi estado, asegurando que el Reino entero estaba contra la observancia de la pragmática, y ponderando los torrentes de sangre y la desolación universal que habría de producir si no quedase derogada». También insta en el hecho de que se hizo pública tal abolición, pese a que él, Fernando VII, mandó que se mantuviera en secreto hasta su muerte.

Fer y Maria Cris
Fernando VII y María Cristina paseando por los jardines de Aranjuez, en 1830. Óleo de Luis Cruz y Rios. [Museo de Bellas Artes de Asturias]

El nuevo Gobierno estaba encabezado por Francisco Cea Bermúdez como ministro de Estado, quien ya había formado parte del Gobierno anteriormente y fue el personaje encargado de consolidar esa línea de reformismo administrativo retomando la cultura política del despotismo ilustrado. En el terreno institucional la estrategia sucesoria isabelina se completaba preparando la Regencia, ante el posible fallecimiento del Monarca enfermo, con la habilitación de la reina María Cristina para que despachara con el Gobierno, elemento que vemos claramente en el documento Gaceta de Madrid, nº1 del 1 de enero de 1833 ya que es ella quien dispone los decretos. La estrategia política, visto ya el enfrentamiento directo con los carlistas que se han convertido en el enemigo principal del régimen, versará en la necesidad de sostener el Gobierno con cierto grado de apertura política. Publicarán un indulto general y un real decreto donde se establece amnistía para delitos políticos autorizando el regreso de los exiliados. Es decir, de los liberales.

En esa misma línea se creó el Ministerio de Fomento, que fue objeto de disputas y resistencias entre reformistas y ultras, como pieza institucional básica en el proceso racionalizador de la Administración. También fueron sustituidos cinco capitales generales al tiempo que aumentaban las inspecciones de las tropas regulares dirigidas al control o sustitución de mandos proclives a Carlos. Las respuestas carlistas se multiplicaron en el año 1833 con conspiraciones en palacio que se desataron aún más con la muerte del monarca. A principios de marzo de 1833 el infante Carlos preside por última vez el Consejo de Estado y sale del país, junto con la princesa de Beira, hacia Portugal, ya que se niega a jurar a su sobrina como legitima heredera.

El 20 de junio la princesa Isabel es jurada como heredera de la Corona y el 29 de septiembre fallece su padre, el Rey, definiendo el último episodio de las opciones del futuro del país: una Reina en minoría de edad, cuya Regencia recaería en manos de su madre María Cristina, hasta su relevo por Espartero en 1840. Para los realistas-carlistas una vez agotadas las estrategias palatinas ya no había ningún obstáculo ni otra estrategia que el levantamiento armado. A primeros de octubre una secuencia de sublevaciones inauguró en 1834 una guerra civil que duró siete años, cuyo discurrir influiría en una transición que derivaría en una ruptura liberal.

Para ver este tema analizaremos la Gaceta Extraordinaria de Madrid, nº119 del 29 de septiembre de 1833 donde se anuncian varios artículos de oficio emitidos por el secretario del despacho de Estado con los partes de los médicos de la cámara hablando de la salud del monarca. El primer parte corresponde al día citado por la mañana: «S.M. el REY continúa en el mismo estado que ayer, habiéndose quedado hoy en cama. Dios guarde á V. E. muchos años. Palacio 28 de septiembre de 1833. =Excmo. Sr.: =Pedro Castelló. =Manuel Damian Perez. =Sebastian Aso Travieso. =Excmo. Sr. sumiller de corps de S.M.». En el segundo parte, emitido por la tarde, se anuncia ya la muerte del soberano: «[…] mas á las tres menos cuarto sobrevino al Rey repentinamente un ataque de apoplegía tan violento y fulminante, que á los cinco minutos, sobre poco mas ó menos, terminó su preciosa existencia».

A continuación de la Gaceta se anuncia unos Reales Decretos en los que María Cristina aparece ya como Reina Gobernadora, como regente de su hija la Reina Isabel II, tal como se había dispuesto en la sucesión real. «Como REINA Gobernadora de estos Reinos, durante La menor edad de mi muy cara y amada Hija la REINA Doña ISABEL II, y para que no se detenga el despacho de los negocios del Estado por la muerte de mi muy caro Esposo y Señor El REY D. FERNANDO, que está en gloria, acaecida hoya á las tres menos quarto de la tarde, he venido en confirmar a los Secretarios de Estado Y del Despacho D. Francisco de Zea Bermudez, D. Josef de la Cruz, el conde de Ofalia, D. Juan Gualberto Gonzalez y D. Antonio Martinez, y mandar que continúen en el ejercicio de sus respectivos cargos […]». Estos cargos habían sido sustituidos en marzo y son mantenidos por la regente, por el momento, al igual que los cargos de otras autoridades del reino, «Satisfecha del buen desempeño y lealtad de las autoridades del Reino, y para que no se detenga el despacho de los negocios por la muerte de mi muy amada Esposo y Señor el Rey D. FERNANDO, que en santa gloria está: He venido como REINA Gobernadora, y en nombre de mi augusta Hija la REINA Doña ISABEL II, en confirmar á todas y á cada una de ellas, y mandar que continúen en el ejercicio de sus funciones, procurando la paz y la justicia de los pueblos que les están respectivamente encomendados […]».

La Reina Gobernadora y los reformistas se plantearon una doble opción para que se sostuviera la causa isabelina. Por un lado, la estabilización del régimen por la senda de las reformas administrativas, sin profundizar en una apertura política que ya había tenido sus límites con la amnistía y el regreso de los exiliados liberales. Por otro lado, cada vez fue adquiriendo más consistencia entre sectores de las elites militares, políticas y económicas la idea de reformismo político para sostener el régimen y la causa isabelina, evitando así el derrumbamiento del Estado. Para ello era preciso acelerar el proceso de reformas administrativas y económicas que implicaba un cierto desmantelamiento jurídico del Antiguo Régimen, orientado hacia la formación del mercado nacional y a ensayar una reforma política que introdujera cierto sistema representativo sin que cuestionara los principios absolutos y los poderes de la Corona. Y en este sentido la Regente empezó a recibir muchos consejos, a los que acabó cediendo.

El primer nombramiento de envergadura fue el de Francisco Javier de Burgos en sustitución de Ofalia el 21 de octubre de 1833 como ministro de Fomento, departamento clave del nuevo impulso reformista. Sentó las bases de la Administración pública española que recogería la centralización del Estado liberal. Mientras se planteaban las reformas la Reina Gobernadora era cada vez más sensible a las presiones que tenían como objetivo una reforma política y convocatoria de Cortes frente al inmovilismo que, en plena sublevación carlista, hacía peligrar el régimen. El planteamiento de Javier de Burgos y otros notables próximos a la Corona era el de transformar un absolutismo por mediación de un reformismo en el que confluyeran distintos sectores moderados, con un pacto de participación semi-abierto socialmente.

Finalmente, la Regente decidió cambiar el Gobierno en la dirección que le apuntaban y Cea era sustituido por Francisco Martínez de la Rosa, encargado de acoplar una apertura política en sentido moderado con un nuevo sistema político basado en el fuerte protagonismo de la Corona. La fórmula de articulación político-institucional del Estado fue el sistema hibrido del Estatuto Real, promulgado en 19 de abril de 1834.

Caballeria carlista
Carga de la caballería carlista. Obra de Ferrer-Dalmau

La guerra civil de siete años, entendida como Guerra Carlista (1833-1840), se integra plenamente en el proceso de disolución del Antiguo Régimen en España. Fue un conflicto que reorientó el rumbo de la transición pactada desde arriba, representada por el Estatuto Real, hacia la ruptura liberal y la conclusión jurídica del Antiguo Régimen. En este aspecto la insurrección carlista sobrepasa las dimensiones de una cuestión dinástica y podríamos analizarlo como la resistencia del Antiguo Régimen contra la instalación del Estado Liberal, con todas sus implicaciones sociales y económicas.

Isa
Isabel II niña. Retrato de Vicente López Portaña.
Carlos
Carlos María Isidoro. Retrato de Vicente López Portaña.

El carlismo reunió las propuestas políticas del realismo sobre todo entendidas como oposición a las fórmulas liberales y al reformismo desde el Estado Absoluto. Tuvo como base de la insurrección el voluntariado realista, pero sobre todo aglutinó un heterogéneo cuerpo social y por ello se extendió geográficamente hasta convertirse en guerra civil. El común denominador era la oposición al cambio liberal, más preocupados por un mundo estable que se cuarteaba que por legitimidades dinásticas, aunque éstas fueran percibidas como el símbolo de sus preocupaciones. En última instancia el carlismo fue la cobertura ideológica y de acción que encauzó el desasosiego de un modelo de sociedad en crisis.

A la altura de 1834-35 la Regente vio la incapacidad de ganar la guerra y empezó a cuajar la idea de que el sostenimiento de la Corona y la victoria de la guerra civil estaban asociadas a la implantación de un régimen representativo plenamente liberal. La convocatoria de Cortes fue publicada el 20 de mayo de 1834 y para tratar el tema utilizaremos la Gaceta de Madrid, nº 93 del 24 de mayo de 1934 donde aparece la Real Convocatoria de Cortes. Dicha gaceta comienza con un artículo de oficio donde se describe la buena salud de la Reina y de la Regente y a continuación se detalla la Real Convocatoria: «Doña ISABEL II, por la gracia de Dios, REINA de Castilla, de Leon, de Aragon, de las Dos-Sicilias, de Jerusalen, de Navarra, de Granada, de Toledo, de Valencia, de Galicia, De Mallorca, de Sevilla, de Cerdeña, de Córdoba, de Córcega, de Murcia, de Menorca, de Jaen, de los Algarhes, de Algeciras, de Gibraltar, de las Islas Canarias, de las Indias Orientales y Occidentales, Islas y Tierra-firme del mar Océano; Archiduquesa de Austria; duquesa de Borgoña, de Brabante y de Milan; Condesa de Abspurg, Flandes, Tirol y Barcelona; Señora de Vizcaya y de Molina y en su Real nombre Doña MARIA CRISTINA DE BORBÓN, como Reina Gobernadora durante la menor edad de mi excelsa Hija, á todos los que las presentes vieren y entendieren, sabed: […] he resuelto a convocar, como por la presente convoca, las Cortes Generales del Reino, que deberán congregarse en la heroica villa de Madrid el dia 24 del próximo mes de Julio,[…]».

Fue compuesta por 104 próceres natos y designados, 188 procuradores elegidos de los cuales 130 eran terratenientes, comerciales, fabricantes y procedentes de profesiones liberales, 53 empleados públicos y militares y 5 eclesiásticos. El regreso de exiliados, que se multiplicó en 1834, animó al debate y la actividad política y como dato significativo vemos como la Regente notifica en un real decreto la ampliación de la amnistía de 1832: «Deseando celebrar con un nuevo beneficio el acto solemne de convocar las Cortes Generales del Reino; he venido en ampliar, conformándome con el dictamen de mi Consejo de Ministros, el Real decreto de amnistía de 20 de octubre de 1832, derogando las excepciones en él expresadas. […]». Esto no hizo más que consolidar la ruptura liberal, ya que en 1836 se celebraron elecciones que supusieron un punto de inflexión en la transición que se estaba llevando a cabo. La apuesta radical por la vuelta a la Constitución era evidente tanto que el 13 de agosto de 1836 un decreto de la Reina Gobernadora, totalmente obligada, restablecía la Constitución de 1812.

Hay que entender que a la altura de 1836 el texto de Cádiz ofrecía acusados desfases y dificultades para su aplicación, es por ello que empezó a formarse la Constitución de 1837, que fue elaborada para encontrar un camino intermedio entre la Constitución de Cádiz y el Estatuto Real. Pero todo esto no llevó más que a una crisis, mientras que en lo militar la guerra carlista no había cesado aún. Finalmente, el 31 de agosto de 1939 se firma el Convenio de Vergara entre el general carlista Rafael Maroto y el general isabelino Baldomero Espartero que daba por concluido el conflicto con la promesa de traslada a las Cortes la cuestión del mantenimiento del régimen foral, además de aceptar la integración de oficiales y jefes carlistas en el ejército liberal.

Espartero
Baldomero Espartero, pintura de José Casado de Alisal [Galería del congreso de los Diputados]

A la muerte de Fernando VII Espartero había apoyado la causa de Isabel II y durante la primera guerra carlista el general Espartero dio muestras de sus cualidades como militar, lo que contribuyó a que acabara siendo convertirlo en un héroe nacional. El final victorioso de la guerra carlista le valió la dignidad de grande de España y el título de duque de la Victoria. Entroncando estos datos con el contexto de crisis que nos encontramos podemos vislumbrar un cruce de estrategias personales: Espartero y María Cristina, vinculados en principio a una solución progresista o moderada respectivamente. La estrategia de Espartero consistía en aprovechar el conflicto abierto por los progresistas y provocar la caída del Gobierno moderado. Por otro lado, la Regente era consciente de la delicada situación política entre la apuesta moderada por continuar su proyecto, con el que estaba ya vinculada, y las presiones de la oposición para frenar sus pretensiones.

Fue la guerra civil la que encumbró en términos militares y populares a Espartero, en 1840 su liderazgo militar estaba en condiciones de convertirse en liderazgo político. El pueblo liberal adopta en Espartero un nuevo mito de la revolución liberal, la revolución queda personificada y mitificada en una figura que parece ante los ojos del pueblo llano como el salvador, el único capaz de dar respuestas a las aspiraciones y necesidades del pueblo. Hubo intentos de atraer a Espartero a la Corona nombrándolo Ministro de Guerra, pero no dieron sus frutos e incrementarlos más las discrepancias entre ambos, especialmente acerca del papel de la Milicia Nacional y de la autonomía de los ayuntamientos. Sucesivas sublevaciones de las ciudades más importantes contra María Cristina y el levantamiento de Juntas provinciales pusieron punto final a esta situación insostenible. Espartero apoyó el alzamiento de juntas, que era donde verdaderamente residía el poder, inclinando a favor suyo la balanza. El 6 de octubre los ministros le presentan a la Regente su programa de gobierno que incorporaba la disolución de Cortes, la anulación de la ley municipal y la posibilidad de la corregencia con Espartero. Finalmente, el 12 de octubre de 1840 María Cristina de Borbón Dos-Sicilias partía hacia el exilio en Francia, y el 10 de mayo de 1841 las Cortes elegían a Espartero como regente del reino.

En octubre de 1840 el proyecto progresista y la figura del Espartero quedaron ligados, los contenidos de dicho proyecto está expuesto en claves de oposición al proyecto y a las practicas moderadas recientes, a los que se acusa de haber aceptado hipócritamente la Constitución de 1837, que habría sido desvirtuada por la presentación de los célebres proyectos de ley, imprenta, elecciones y ayuntamientos, debatidos por unas Cortes consideradas de dudosa legitimidad, ya que habían sido fruto de la intervención abusiva de la autoridad política a la hora de votar. Durante el 12 de octubre de 1840 y el 10 de mayo de 1841 en que es elegido Espartero como Regente, transcurre un período de interinidad caracterizado por el llamado ministerio-regencia provisional de Espartero. La elección de Espartero como Regente por las Cortes no fue tan unánime como hubiera deseado, su éxito político no correspondía con su éxito militar ya que no contaba con la unanimidad del partido progresista. En julio de 1843, apenas 3 años después de conseguir la Regencia, se concatenan los últimos episodios de la Regencia de Espartero. El 23 de julio, como resultado de la entrada de sublevados en Madrid, Espartero embarcaba en el Puerto de Santa María hacia el exilio británico, sufriendo el mismo destino que él mismo, en parte, había creado para la Regente anterior.

BIBLIOGRAFÍA

  • Arósegui, J., et ali. 2003, El Carlismo y las guerras carlistas. Hechos, hombres e ideas, Madrid.
  • Bahamonde, A., Martínez, J.A., 1994, Historia de España. Siglo XIX, Madrid, Cátedra.
  • Carr, R., Fusi, J.P., 2009, España 1808-2008, Barcelona, Ariel.
  • Santirso, M., 2008, Progreso y libertad: España en la Europa liberal (1830-1870), Barcelona, Ariel.

 

RECURSOS ELECTRÓNICOS

Gaceta de Madrid, nº1 del 1 de enero de 1833

Gaceta Extraordinaria de Madrid, nº119 del 29 de septiembre de 1833

Gaceta de Madrid, nº 93 del 24 de mayo de 1934

 

Hibridismo Cultural. Burke

(Peter Burke, 2010, Hibridismo Cultural ) «El análisis de nuestra cultural pasada, presente y futura que más me convence es el que predice el advenimiento de un orden nuevo, la formación de nuevos oicotipos, la cristalización de formas novedosas, la reconfiguración de las culturas: la creolitización del mundo»

La obra de Peter Burke, Hibridismo cultural: Reflexiones sobre teoría e historia, se enmarca en la larga trayectoria de uno de los mejores historiadores de las últimas décadas y que plantea, en forma de ensayo, la necesidad de conectar varias tradiciones disciplinares para articular una historia global de la cultura y de la sociedad. Tal como recoge en palabras del propio Burke la historiadora María José del Río Barredo, en el estudio preliminar de 2010 a la obra de dicho autor, «esperemos que una aproximación más global a la historia y a la teoría social se hará más común en un futuro no muy lejano, no solo estudiando el proceso de hibridación cultural, sino también ejemplificándolo», el autor se plantea analiza las mezclas adquiridas por contacto o de forma totalmente inconsciente ampliando el campo geográfico de análisis de la historia en un intento por abarcar de manera total y coherente la cultura europea «en tanto que conjunto de conexiones entre diferentes dimensiones culturales así como las nuevas realidades que emergen de las fusiones, sincretismos y traducción de visiones de mundo distintas». Del Río Barredo revisa, a partir de las influencias que Burke toma de Annales, los textos que produce el historiador en su vida hasta llegar al giro metodológico e investigativo en el que se orienta a los encuentros culturales, a la consideración visual de la cultura como bricolaje y que darán como fruto este ensayo.

Entendemos, por tanto, que se trata de una obra dentro de la tendencia historiográfica de la Historia Global. «El término historia global no sólo es intrigante, sino también arrogante. Intrigante porque captura una parte importante de aquello que ocurre en el mundo en torno a nosotros, y es arrogante porque suena tan rimbombante y parece violar el consejo de que lo pequeño es bello y que el trabajo histórico inicial debe ser estrecho focalizado y basado en una investigación original». Detrás del interés que ha despertado la historia global se encuentran numerosos factores. Algunos obedecen a transformaciones que han experimentado las sociedades contemporáneas, y otros a desarrollos que ha sufrido el conjunto de las ciencias sociales. El interés por la historia global constituye un retorno a las grandes síntesis, pero a diferencia de las viejas historias universales procuran trascender el eurocentrismo abarcando grandes unidades espaciales, tal como vemos en la obra de Burke.

Burke utiliza los diversos valores, percepciones, mentalidades, actitudes características de las culturas más relevantes del planeta (ya que la extensión geográfica de la obra abarcaría su práctica totalidad y, además, en diferentes periodos históricos), llegando incluso a analizar las tesis existentes sobre la realidad actual, para hacernos ver la complejidad y la cantidad de elementos que entran en juego en aquello que denominamos Hibridismo Cultural. El ensayo de Burke está estructurado en 5 grandes partes en las que intenta responder a cuestiones concretas:

1) DIVERSIDAD DE OBJETOS: En este primer apartado Burke nos habla de artefactos, textos, prácticas e incluso de pueblos híbridos, desplegando ejemplos de hibridación de aspectos culturales en campos como la arquitectura, la literatura, las religiones, etc. que nos muestran como en el transcurrir de los años esta mezcla entre culturas se ha venido realizando casi sin percibirla. En algunos casos, como indica el autor, esta mezcla ha sido impuesta a la fuerza, pero en otros se han asimilado conceptos, ritos, palabras o monumentos de forma totalmente involuntaria.

2) DIVERSIDAD TERMINOLÓGICA: En la segunda sección de este ensayo Burke nos expone, nuevamente con numerosos ejemplos de ello, términos que intentan explicar este proceso de Hibridación Cultural tales como: imitación, apropiación, acomodación, mezcla, sincretismo, creolización o criollización, etc. El autor es consciente, y así lo expone, de que el lenguaje es la expresión de múltiples conexiones culturales propiamente y que hay que ser conscientes de la acción humana en esta hibridación y por ello tener en consideración todas las formas que los seres humanos utilizamos para referirnos a este proceso.

3) DIVERSIDAD DE SITUACIONES: Este apartado estudia los contextos y situaciones en los que estos encuentros o mezclas culturales han tenido lugar, y las diversas formas en que esta hibridación se da. Por ejemplo, puede darse en encuentros culturales entre sujetos que tienen el mismo poder y entre sujetos que están supeditados a los otros; otros casos en los que hay culturas con tradiciones más fuertemente arraigadas que otras en las que son más débiles; otro encuentro entre pueblos distintos que juegan el rol de metrópoli o de frontera entre culturas; y un último ejemplo en el que las clases sociales juegan un papel cultural tal que llegan a diferenciarse del resto de clases.

4) DIVERSIDAD DE REACCIONES: En la cuarta sección de la obra el autor se interroga sobre las consecuencias que tiene, y/o han tenido, estos los intercambios culturales. En esta instancia el historiador diseña cuatro tipos de estrategias o escenarios posibles como la Moda de lo Extranjero, la Resistencia, la Purificación Cultural y la Segregación cultural. Todas estas estrategias son eruditamente documentadas por Burke poniendo siempre el énfasis en los procesos de adaptación que estas mismas implican. Respecto a las reacciones Burke nos habla de aceptación, rechazo, segregación y adaptación ejemplificando cada una de ellas nuevamente con gran erudición.

5) DIVERSIDAD DE RESULTADOS: en este último apartado Burke hace una reflexión final en la que nos expone su preocupación por el encuentro de las culturas en el contexto actual de un mundo totalmente globalizado y nos habla de las consecuencias a largo plazo de esta interacción cultural que no deja de sucederse. El autor nos expone cuatro tesis o escenarios finales en que derivarían las culturas del planeta: Homogenización Cultural, Antiglobalización, Disglosia Cultural y Creolización del Mundo. Finalmente Burke nos advierte que nosotros mismos estamos siendo testigos del surgimiento de un nuevo tipo de orden cultural.

Teniendo en cuenta que cuando Burke escribe el libro en 2010 se trata de un momento en el que el post-colonialismo y el hibridismo cultural aparecen como temas formales de estudio no es de extrañar que un historiador cultural como él se interese en este tema de estudio. Para ello se basa en numerosa bibliografía de teóricos culturales (tanto historiadores como antropólogos) de muy diversas nacionalidades, y también en muchos de sus propios libros, ya que él mismo es un referente claro en el tema. El ensayo está plagado de ejemplos muy explícitos que ilustran los conceptos que Burke nos va dando y que hacen muy ameno y entendible el tema, que por otro lado es bastante complejo y extendido. Al estar estructurado el libro en planteamientos diversos que conducen hasta llegar a una posible conclusión o escenario final, el libro resulta un viaje interesante sobre las culturas, las mezclas entre ellas y las evoluciones de las mismas. La cultura, entendida en su sentido amplio, engloba todo aquello que caracteriza a las personas: lenguaje, tradiciones, arquitectura, decoración, alimentación, vestimenta, religión, música, celebraciones, y un largo etc., y son todas estas características las que Burke enumera y ejemplifica para hacernos ver lo complejo que resulta hablar de una cultura concreta en la que hay que tener siempre en cuenta todos estos procesos de encuentros que se dan a lo largo de la historia.

Posiblemente no haya nadie mejor que Burke para tratar este tema quien desde su nacimiento en 1937 en el seno de una familia de recientes inmigrantes, ha vivido esta mezcla cultural en sus propias carnes. Su padre fue un católico irlandés y su madre una judía de origen lituano/polaco, además del bagaje histórico-cultural que el propio Burke ha cosechado en sus años de aprendizaje y que lo han convertido en todo un referente en historia cultural. El libro, indudablemente, nos hace pensar. Y aunque no tengamos la capacidad de Burke para analizar los procesos de intercambio cultural, nos los describe tan explícitamente que es imposible no hacerse una idea. Cuando Burke nos habla de la actualidad y la “americanización” de la cultura o del “efecto Coca-Cola” es imposible no sentir en nuestra propia carne esa homogeneización cultural de la que nos habla. Y es por eso que el libro nos hace pensar, reflexionar sobre nosotros mismos y “nuestra cultura”, aquellas cosas que creemos tan nuestras y que en verdad son fruto de mezclas que nuestros antepasados vivieron, quizás con el mismo rechazo con que hoy día algunos viven la adopción de fiestas típicas americanas, por ejemplo.

Declaración de Derechos del Hombre y del Ciudadano. (1789-Francia)

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Esta declaración hay entenderla desde el punto de vista de la Ilustración, pero justo después de la Revolución Liberal, ya a finales del siglo XVIII. Aunque encontramos muchas referencias Religiosas y demás, tiene una base totalmente Ilustrada. Dios aparecerá en el inicio de la Declaración como una mera formulación a la que hay que hacer constancia, no olvidemos en que época estamos, donde la religión cristiana ha tenido un peso fundamental en la dirección del Estado. Este texto, cabe destacar, no es totalmente nuevo, las ideas no son totalmente originales, pues muchos de lo que hay escrito en esta declaración fue dicho anteriormente por autores Ilustrados. Aunque es una Declaración de Derechos, dirigida a Ciudadanos Franceses, se hace extensible a todas las demás naciones. Y es que a partir de la Revolución Francesa es cuando aparece este concepto de Ciudadano. Aunque evidentemente, no es una igualdad totalitaria, no todos los individuos son ciudadanos, y no todos los seres humanos son individuos (véase esclavos, negros de los dominios coloniales, mujeres, etc). Así pues estos derechos solo serán atribuidos a un determinado grupo de individuos. Dicho esto también cabe destacar que fue un paso muy importante para la humanidad, aunque fuera de manera selectiva, puesto que estamos ante el cambio de Privilegio a Derecho, donde el concepto cambia totalmente, de ser un súbdito a las ordenes de un monarca o señor, a ser un ciudadano, donde todos son iguales ante los ojos de la Justicia. Estamos ante un manifiesto, declaración que no hace sino poner en orden una serie de ideas, es un texto jurídico, no es un tratado doctrinal ni filosófico, pues este texto nace de la discusión de la Asamblea Nacional Francesa. Aunque este tema, en esta época concreta, traerá consigo numerosos debates… ¿Quién representa al pueblo? Y ¿Quién es el pueblo? Nos encontramos pues, en un momento de optimismo, con una idea del ser humano Perfectible, donde piensas que con la Declaración el ser humano puede incluso mejorar. Esta declaración habla de la Felicidad, que es una idea muy de la Ilustración, que no serían mas que una serie de consecuencias a estos “arreglos”. Y con la idea de que estos derechos, son derechos de un Estado Natural, donde estos derechos se darían ya por supuestos, y que a día de hoy así los entendemos.

 

 

Fragmento del libro de Peter Burke, Hibridismo Cultural. Allá cada uno entienda, buenamente, lo que aquí copio.

Freud acuñó una expresión que describe magníficamente lo que vemos que está ocurriendo en muchas zonas del mundo: el <<narcisismo de las pequeñas diferencias>>. Contamos con un ejemplo tópico que tiene una larga historia: el de los católicos y los protestantes del norte de Irlanda. Son dos grupos que comparten el mismo territorio y cuyas culturas tienen tanto en común que la gente de fuera le resulta difícil distinguirlos. Sin embargo, insisten en tratarse mutuamente como si estuvieran ante el otro, lo opuesto a uno mismo.

El antropólogo holandés Anton Blok se muestra de acuerdo con Freud y añade que  la amenaza de la pérdida de las indentidades tradicionales que dospara el narcisismo suele ir acompañada del desencadenamiento de la violencia contra el otro. El sociólogo inglés Anthony Cohen afirma algo parecido: <<La expresión simbólica de la comunidad y sus límites aumenta en importancia a medida que se va disolviendo, difuminando o debilitando de cualquier otra forma, los vínculos geosociales de esta comunidad>>.

En otras palabras, es una reacción fuerte pero puede que no dure más que unas cuentas décadas. En último término es una resistencia condenada al fracaso en el sentido que le dan los resistentes: es imposible detener el avance de la historia y dar marcha atrás para recuperar el pasado.

Breve síntesis sobre el Fascismo

El fascismo es una ideología y un movimiento político que surgió en la Europa de entreguerras (1918-1939) creado por Mussolini. Surgió de un nacionalismo antiliberal provocado en cierta medida por la revolución cultural de la Europa de finales de siglo XIX y principios del XX, en el sentido en el que fue una revuelta contra la Ilustración, la revolución Francesa, el materialismo, el hedonismo burgués, una especie de vanguardia de la contrarrevolución, de la pérdida de confianza en el progreso ilimitado. Una mezcla de sentimientos de decadencia de la sociedad y de las razas, aunado con la incipiente crisis económica, mezclado con la emergente idea de las naciones como elemento de unión es la base que forja lo que sería este nacionalismo antiliberal europeo del siglo XX.

Por lo tanto arranca asociada a una idea de libertad, y en base a ese principio de soberanía nacional llevan a cabo sus luchas contra las monarquías absolutistas. Digamos que surge asociado a la izquierda política del momento y aparece en Francia asociado al partido de C. Maurras Acción Francesa. El nacionalismo define a la comunidad nacional a través de la igualdad jurídica de sus miembros por lo tanto el nacionalismo desde su origen siempre contara con elementos excluyentes, además difundirá modelos de vidas más sanos moralmente, físicamente y con el objetivo siempre de mejorar la biología de la nación. Pero esto solo será una cara de la moneda ya que la otra será programas de reproducción selectiva, controles biométricos de la población. Hay una consolidación del racismo a nivel científico y popular.

Todo esto catalizado por la guerra y la inmediata posguerra donde el sentimiento de la nación amenazada, sobre todo en los países en donde no se ganó, llegó a empapar a la inmensa mayoría de la población, hicieron que se creara el germen de lo que serán los movimientos fascistas.

En cuanto a sus principios ideológicos se caracterizaba en primer lugar por su ultranacionalismo, no admitía límites, ni hacia arriba i hacia abajo, ni hacia dentro ni hacia fuera, la nación estaba por encima de sectores económicos, políticos, militares o religiosos. En segundo lugar era populista, el pueblo era el elemento sustancial de la nación, se apelaba a su participación activa pero movilizado y encuadrado en una estructura jerárquica en la que sólo la élite tenía capacidad de decisión. Este nacionalismo absoluto y este populismo se concretaban en la utopía de la comunidad nacional armónica y sin fracturas, organizada y jerarquizada, entusiasta y conquistadora. En tercer lugar la ideología era palingenésica, basada en el mito de la revolución y proyectada hacia el futuro, frente a la decadencia la nación debería regenerarse constantemente. Con un culto a lo nuevo, el nuevo hombre, la nueva sociedad, la nueva nación, la nueva raza, un nuevo comienzo que no parecía entroncar con ninguna tradición política anterior, en este sentido el fascismo era un fenómeno totalmente nuevo. Vertebrado sobre un pensamiento mítico-religioso con una concepción del hombre y la sociedad vitalista y anti-humanista, que descansaba en una estatización de la política y en los valores de la violencia, la dominación y la jerarquía de los mejores. Hay que destacar su carácter totalitario, su racismo y antisemitismo implícito y su imperialismo que demuestra como la política exterior fascista no podía sino conducir a la guerra.

Respecto a la simbología, la famosa parafernalia y estilo fascista no eran elementos accesorios, sino que estaban plenamente contenidos en el pensamiento mítico-religioso y en la necesidad de materializar, de visualizar la utópica comunidad nacional armónica y entusiasta. Los nazis adoptaron la esvástica en 1920 pero ya estaba en pleno uso como símbolo entre los movimientos nacionalistas alemanes völkisch, los cuales poseían ciertas veleidades místico-esotéricas. Por este motivo, lo vieron apropiado para adoptarlo como símbolo de la «raza aria». En resumen podríamos definir un tripe objetivo de la ideología fascista: expansión imperialista, movilización interior y creación del hombre nuevo guerrero y dominador que verá su gran oportunidad en la Segunda Guerra Mundial.

Los dos regímenes Fascistas

Italia: al finalizar la Primera Guerra Mundial hay una oleada de agitación obrera y un sentimiento de victoria mutilada que argumentará la idea de nación afectada. Mussolini, antiguo militante socialista, funda en 1919 los Fasci di combattimento y en el 1921 el Partido Nacional Fascista para combatir la revolución socialista y ocupar el poder con la movilización de las masas. El primer gobierno de Mussolini incluía liberales, nacionalistas y católicos y hasta 1925 se mantuvo dentro de los parámetros de una semi-dictadura constitucional. En este sentido debe subrayarse que el fascismo italiano fue el primer régimen totalitario que se construyó, sirviendo de inspiración para experiencias posteriores.

Hasta el año 1925 no se produce la construcción del Régimen Fascista Italiano como tal. Comienza el ataque a las fuerzas parlamentarias de oposición y también a los propios conservadores que le han permitido gobernar. A partir de esto comienza a implantarse el régimen totalitario con la supresión de las libertades, establecimiento de un partido único fascista, eliminación de la oposición y el estado totalitario. El mantenimiento del régimen produjo una política represiva pero no se podría entender que el fascismo se sostenga sin contar con una serie de medidas integradoras, la represión no pudo serlo todo, por lo que se buscó educar y socializar desde el nacimiento, se movilizó masivamente a la población para buscar el consenso social, proporcionando incluso un ocio gratuito o muy barato envuelto en una parafernalia nacionalista y fascista.

En los años de apogeo del régimen, desarticulada totalmente la oposición, las organizaciones fascistas prosiguieron su penetración capilar en la sociedad. La implantación de las corporaciones hizo pensar que el régimen disponía de medios efectivos para superar la crisis económica y superar el sistema capitalista. Aunque la economía estaba cada vez más controlada por el Estado, este control no funcionaba en detrimento de los industriales.

Alemania: es un caso similar pero llevado al extremo, ya que el proceso de construcción del régimen nazi fue más rápido, radical y completo que el italiano, en primer lugar porque la experiencia por la que había atravesado la sociedad alemana en las dos décadas anteriores habían sido mucho más traumáticas; en segundo lugar porque la fuerza del partido nazi era extraordinaria y le proporcionaba una autonomía y capacidad sobre sus aliados conservadores; en tercer lugar porque sus fundamentos ideológicos fascistas vino multiplicada al radicarse en anteriores tradiciones esencialistas, racistas y antisemitas; porque los nazis subieron al poder teniendo un modelo disponible, el italiano; y finalmente porque el partido nazi y su líder no tuvieron que afrontar los frenos que suponía la existencia de un rey como Jefe del Estado, ni la presencia de un Vaticano en el centro mismo de la nación.

El partido nazi tendrá su origen en el DAP existente desde el año 1919 que ya tenía una ideología nacionalista extrema y que se alimentaba de la frustración por la pérdida de la guerra. Desde sus inicios será un partido anti-socialista, antidemocrático, antisemita, revisionista de los pactos de Versalles y favorable a  la revolución nacional alemana. Su auge llegará a partir de los años 30, la crisis es lo que le facilita un crecimiento social espectacular. En el 1932 se convierte en el partido de derechas más votado, consigue el poder gracias a las negociaciones con los conservadores y con Hindemburg, presidente de la República. A la muerte del Presidente y con el apoyo de los sectores de derechas, Hitler aprovechó y unifico en su persona la cancillería y la presidencia del Reich. Se ilegalizan todos los partidos y sindicatos. El nazismo combinará la represión con una política de atracción de la población con la ayuda de las nuevas tecnologías, difundiendo permanentemente el mensaje político del nazismo. Se pondrá en práctica un programa social de plena ocupación, vacaciones retribuidas, prácticas deportivas… como representación de la modernización de Alemania. Estos programas serán el éxito del nazismo en solucionar los problemas económicos.

El nazismo fue un gran proyecto de exclusión social, todos los que quedaban fuera de la definición de nación quedaban excluidos a un nivel de muerte y deshumanización total. La comunidad nacional agrupada alrededor del movimiento no tiene capacidad de decisión, la discrepancia no se podía tolerar, implica la muerte, la represión y el exilio. Por lo tanto el movimiento obrero será el primer enemigo de los fascismos.

La purificación social, la eugenesia como principio de modernidad consolidarán una serie de principios en la sociedad Europa que el nazismo llevará a cabo. La idea de una humanidad dividida en razas jerárquicas, en donde los arios están por encima de eslavos, latinos y por debajo los negros y asiáticos, para llegar al último escalón donde están los inhumanos judíos, pone en marcha en 1935 las leyes raciales de Nuremberg. Esto suponía que el régimen se encaminaba hacia la consecución de sus objetivos más radicales. Se pone en marcha también, políticas eugenésicas para evitar que los enfermos mentales y discapacitados pudieran procrear. El objetivo más radical era, por supuesto, la guerra. A través de continuados éxitos políticos y territoriales como la anexión de Austria o la región de los Sudetes de Checoslovaquia, el régimen mostró el carácter insaciable e ilimitado del imperialismo fascista.

Una vez iniciado el conflicto mundial y a diferencia del aliado italiano, la maquinaria bélica alemana funcionó a la perfección cosechando victoria tras victoria. Pero ese fue también el marco en el que todas las líneas de evolución del régimen convergerían para llevar a término el mayor proceso devastador de la historia, el que llevaría el exterminio físico, racional y planificado de casi seis millones de judíos, pero también de eslavos, gitanos, homosexuales y discapacitados.

Resultado

A grandes rasgos, cabe distinguir 3 grandes fases analíticas en los dos regímenes fascistas.

La primera de ellas se caracteriza por la materialización de los supuestos más claramente contrarrevolucionarios y autoritarios de la alianza conservadora, esto es, la destrucción del movimiento obrero y de la propia democracia liberal, construyendo los fundamentos de un Estado autoritario, jerárquico, represivo y organizado.

La segunda fase puede considerarse como la de la ofensiva fascista contra sus propios aliados conservadores, supone una aceleración de la persecución de los objetivos puramente fascistas, reforzando el control sobre la sociedad y las conciencias; subordinando todos los elementos de la economía, sociedad, y cultura a los objetivos de conseguir la creación de una comunidad nacional integrada y movilizada en el interior; y la expansión y la guerra en el exterior.

La tercera y definitiva fase es la guerra. La guerra es la única desembocadura posible del ultranacionalismo, es el único escenario posible para la materialización de una comunidad nacional unida, cohesionada y movilizada en la que las diferencias de clases, regionales, o de estatus quedarían definitivamente limitadas. La guerra era la materialización misma de la utopía fascista. Pero, por eso mismo, era el momento en que las contradicciones más que resolverse se agudizaban, en que la utopía mostraba su inviabilidad y la experiencia fascista terminaba en un proceso general terroríficamente destructivo y, a la vez, autodestructivo.

E. HOBSBAWM, T. RANGER. Introducción del libro La invención de la tradición. 1983.

Eric Hobsbawm y Terence Ranger, en otra introducción, esta vez a su libro La invención de la tradición, nos explican, como muy bien indica el título, que las tradiciones de las que alardean muchas naciones son más actuales, más nuevas de lo que podría parecer a primera vista. Es esa búsqueda de notoriedad, reclamo de su presencia en la antigüedad lo que hace que tengamos que diferenciarlas de las costumbres, que no se mantienen inalterables con el paso del tiempo, si no que van adaptándose a los tiempos. No como se pretende con la tradición, que ha de ser algo inalienable a lo largo del tiempo, o así es como se nos intentan presentar. Los autores además nos dicen que este proceso de inventar las tradiciones y darles legitimidad no ha sido suficientemente estudiado por los historiadores y por ello desconocemos muchos aspectos al respecto. También nos dicen que esta invención no parece ser algo nuevo, si no que se ha dado prácticamente siempre, pero que son más frecuentes y por tanto más visibles cuando hay una transformación en la sociedad, que lo que hace es romper con las “viejas” tradiciones impuestas previamente. Hobsbawm y Ranger nos agrupan estas tradiciones inventadas en 3 grupos bien definidos: a) las tradiciones inventadas que dan cohesión social o pertenencia a un grupo; b) las tradiciones inventadas que legitiman instituciones, estatus o relaciones de autoridad y c) las tradiciones inventadas que socializan, que inculcan creencias o comportamientos. Con estas división de las tradiciones podemos deducir, y así deducen los autores, que el estudio mismo de las tradiciones no se puede separar del estudio de la historia social, ya que es algo intrínseco de ella, además de que la propia historia social es el cimiento, es la base que utilizan para dar legitimidad a la propia tradición, de tal modo que se vea en ellas comunidades, naciones, totalmente naturales.

B. ANDERSON. Introducción del libro Comunidades imaginarias. Reflexiones sobre el origen y la difusión del nacionalismo. 1993.

En su introducción al libro Comunidades imaginarias, el autor Benedict Anderson reflexiona sobre el concepto de nación y la transformación marxista que ha llevado hasta los conflictos más actuales, que se definen bajo el “adjetivo” nacionalistas. Adjetivo que se ha convertido en un valor universalmente legítimo en la vida política actual. Aunque nos expone las visiones de diferentes autores, Anderson afirma que el propio nacionalismo no ha ayudado precisamente al marxismo, ya que se basa en ciertas medidas (él lo denomina artefactos culturales) que una parte de la sociedad ha tomado para sus propios intereses, una clase en particular que a partir del siglo XVIII fomentó la creación de estos artefactos, basados en el pasado, en la historia propia de la nación, que crearon un apego muy profundo en la sociedad, a modo de religión abstracta. Básicamente Anderson nos da a entender en estas primeras líneas de su libro que la nación en sí, no existe, la define tal como: una comunidad política imaginada como inherentemente limitada y soberana, en el sentido en que es imaginada por que no es una asociación clara de individuos que se sienten miembros de dicha comunidad; limitada en el sentido de que no tienen todas las naciones un mismo número de individuos ni tampoco tienen interés en que se amplíe dicho número; soberana en el sentido de que el propio estado, la propia comunidad es soberana ella misma; y por último la define como comunidad porque la asemeja a una fraternidad, en la que el sentimiento es tal que incluso los miembros de una comunidad y otra llegan a enfrentarse, y a morir por ellas.

Leni Riefenstahl … EL TRIUNFO DE LA VOLUNTAD

No estamos frente a una película, estamos frente a un panfleto propagandístico, audiovisual, con muy altas expectativas. La obra de Leni Riefenstahl nos desvela lo que vendrá en un futuro, vemos a un partido político que, según el Führer, “no es Alemania, pero pretende serlo”. Este documental utiliza todos los elementos a su alcance, a 24 fotogramas por segundo, para ensalzar la figura de Hitler, tanto elementos verdaderos como falsos. La elección y secuencias de planos están sin duda muy bien estudiadas por la directora, alternando contra-picados de Hitler, otros de primer plano de gente anónima del público, luego planos generales para ver la magnitud del publico aclamante y otras muchas combinaciones que no hacen más que, como he dicho anteriormente, ensalzar la figura de quien encabeza el partido y de sus camaradas.

El documental nos narra, de manera secuencial, el VI congreso del partido Nazi en 1934 en la ciudad de Núremberg. Quiere hacer ver a toda Alemania la concentración del partido y así, mostrar su fuerza. Llega a la ciudad, descendiendo de los cielos en avión, como si del Mesías se tratara, y monta en un coche, evidentemente alemán, de la marca Mercedes, donde empieza un paseo triunfal por las calles de la ciudad mientras la multitud lo aclama. Puede que se sienta un héroe, las imágenes así lo muestran, él esta convenido de que es lo que Alemania necesita, y así se comporta.

A continuación tienen lugar los actos del Congreso, viendo también los campamentos de las juventudes Hitlerianas repletas de rubios atléticos que lo darán todo por su patria. Varios miembros aparecen, convenientemente anunciados con un rótulo a modo de cine mudo, repitiendo en cierto modo lo que los allí presentes quieren escuchar “Alemania unida jamás será vencida” Más tarde toca persuadir a los mas pequeños, simples niños que aguardan en el estadio de la ciudad a la espera de las palabras del Führer. El estadio era el escenario predilecto de Hitler para celebrar sus multitudinarias marchas y concentraciones. El estadio está en la parte centra de un inmenso complejo diseñado por el arquitecto estrella de los nacionalsocialistas, Albert Speer. Hitler había encomendado a Speer hacer de Núremberg la “ciudad del movimiento”. Como en ninguna otra ciudad alemana se ven hasta hoy los planes urbanísticos y arquitectónicos del Tercer Reich, con sus obras monumentales en edificios, plazas y tribunas que debían ilustrar la invencibilidad del movimiento nacionalista alemán.  

El documental llena sus 114 minutos de duración con mas muestras de poder y totalitarismo, con esa idea de individuos uniformados por igual, sin distinción de categorías sociales o territoriales, que juntos lucharán por devolver la paz a Alemania y siempre seguirán existiendo en el corazón de Alemania, aun cuando mueran por defender su patria.

Todo esto hay que verlo desde la perspectiva de una Alemania herida, y con la idea de que quie sale en las imágenes es un “pre-hitler”, tal como entendemos hoy en día, pero que sin duda tiene en la cabeza la idea de que hacer para que Alemania perdure, unida y fuerte.