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Reflexión sobre la crónica y la historia. Siglos XVI-XVII-XVIII. 

La Historia y su conocimiento es algo que ha preocupado al ser humano desde antiguo. Su forma de contarla y transmitirla, su metodología, ha variado mucho a lo largo del tiempo; por el contrario, los problemas que suscita siguen siendo los mismos: su objetividad/subjetividad, su utilidad/utilización, su veracidad, su supeditación al poder político, su utilización por parte de este y un largo etcétera que hace que los historiadores se planteen constantemente cómo contar la historia, y en qué fuentes basarse, para ser lo más fieles a la realidad posible. Cabría matizar que pese a este empeño los hechos del pasado nos llegan fraccionados y edulcorados, interpretándose desde el presente por lo que resulta muy complicado alcanzar un conocimiento histórico objetivo total. Todos estamos condicionados por miles de cosas y eso afecta a la percepción y al tratamiento que le damos a la Historia como bien vemos en la tesis que defiende Keith Jenkins en su obra Repensar la Historia.

Este condicionamiento no es sólo actual, y como veremos afecta a la Historia en general y a la crónica en particular. La crónica, según su propia definición, es la recopilación de hechos históricos narrados en orden cronológico. Este modo de escribir la Historia se perpetuó desde la Edad Media y era utilizado por los reyes para ensalzar sus actos, ejemplo de ellos serían las Crónicas de Alfonso X el Sabio o la Crónica de Jaime I entre muchas otras. Es la forma en que nos ha llegado la mayor parte de la Historia de nuestro territorio, teniendo en cuenta que la crónica es escrita con un motivo, por gente que supiera escribir (normalmente vinculada al mundo eclesiástico), y al amparo de unos mecenas que pudiera permitirse el lujo de pagar una crónica, como bien nos detalla Josué Villa Prieto en su artículo sobre La escritura de la Historia en la Baja Edad Media.

Esta práctica pronto se institucionalizó, y ya en el siglo XV aparece el oficio del Cronista Real a modo de funcionario, no sin sufrir una fuerte politización ante la voluntad regia. Según la documentación Juan de Mena sería el primero en ostentar este cargo en 1456. Podríamos decir que los monarcas se dieron cuenta del valor y del poder que tenía (y tiene) la historia y quisieron poner, rápidamente, a su servicio a “profesionales” que, acatando sus órdenes, escribieran o transcribieran aquello que podría favorecerlos más. En sentido foucaultiano este tipo de crónica se puede interpretar como un discurso de poder, narrativa del poder, instrumento utilizado para un fin muy concreto. Este oficio, visto desde nuestro punto de vista, estaba totalmente condicionado por el monarca y por el entorno del momento, siendo la figura del cronista la que enmarca en sí mismo todo el saber histórico, y esto podría reportar beneficios a la legitimación y justificación de actos o incluso a la justificación de la propia monarquía. Este saber histórico en estos inicios de la Edad Moderna debemos ligarlo estrechamente al conocimiento de la biografía, técnica que ha sufrido una fuerte devaluación y parece que actualmente ha sido actualizada para dar un enfoque mucho más microscópico, y no sólo basándose en una trascripción desde vida a la muerte de los personajes, sino yendo mucho más allá para aportar más datos a la Historia general.

La biografía, en este periodo que nos atañe englobaría exclusivamente a las figuras relevantes, es decir, monarcas y nobles más destacados, que les servirían para dar continuidad a esos linajes que se perpetúan en el poder. Al mismo tiempo estas biografías y crónicas eran utilizadas en la formación académica de los propios monarcas o personajes relevantes (pudiendo remontarnos hasta la antigüedad clásica con esta práctica), ya que era totalmente indispensable conocer el pasado de sus linajes y territorios que dominaban. No debemos ser ingenuos y pensar que estas biografías, agrupadas en muchas ocasiones en grandes volúmenes y remontándose hasta tiempos inmemoriales, no serían edulcoradas o falsificadas por estos mismos cronistas, a cambio de algún que otro favor, ya fuese económico o de otro tipo. Otro ejemplo de esta manipulación del pasado para un fin concreto la tenemos en el empleo de las genealogías durante los siglos XVI y XVII para ocultar la nueva ascensión y adquisición de títulos de nobleza por parte de familias humildes o de sangre conversa, como bien nos documenta y explica Enrique Soria Mesa en su libro Genealogía y poder. Pero las propias crónicas también sufrieron estas falsificaciones, son las llamadas falsificaciones cronísticas, fuertemente denunciadas por los novatores ya a comienzos del siglo XVIII, ya que como Godoy Alcántara citaba parecía que “era lícito falsear la historia cuando el honor o el interés de la patria lo exigían” y si no encontraban datos suficientes para legitimar aquello que querían legitimar, no dudaban en inventarlos.

Como he señalado el cronista era la fuente del saber histórico, la figura que daba credibilidad a los hechos y era capaz de crear una narración que diera sentido a todo orden ya establecido y capaz de agrupar territorios muy diferentes bajo un mismo monarca. Ejemplo de ello es la situación que encontramos desde los RRCC y Carlos I, en donde nace la voluntad de escribir una Historia de España que construya una identidad nacional y la refuerce en torno a la figura del monarca y de su linaje. El primero en escribir una Historia General de España fue Diego de Valera con su Crónica de España de 1481 con esta finalidad muy claramente marcada.

Pese a esta idea de politización del oficio del cronista, debemos preguntarnos cuan complicado sería escribir una historia imparcial y estar, al mismo tiempo, bajo el patrocinio de las autoridades políticas, así como preguntarnos si un historiador (de la época que sea) puede eliminar el carácter subjetivista de la propia historia. Y más aun teniendo en cuenta que en la Edad Moderna el oficio del cronista estaba estrechamente ligado al mundo eclesiástico, altamente moralizador y que sin duda aprovechó la situación y la historia para sus fines.

Con la llegada del Humanismo se tiende a buscar la justificación fuera del ámbito religioso y vemos como los eclesiásticos pierden la exclusividad de la escritura de la Historia, vemos claramente ese intento de “abandonar los aspectos primigenios de la historia eclesiástica” como anuncia Enrique García Hernán. Aparecen personajes que no están patrocinados por los monarcas y que buscan hacer otro tipo de Historia, pero el monarca seguía queriendo lo mismo de estos cronistas, así que buscaba a los que mejor podrían servirle y el cargo de cronista real recaerá siempre, por tanto, en estos eclesiásticos al servicio de la monarquía. Sin embargo, estos se vieron influenciados y en los siglos XVI y XVII los cronistas empiezan a rechazar los mitos y las fábulas que habían venido transcribiendo generación tras generación para explicar la Historia, empiezan a buscar documentación original y empiezan a investigar. Esto no debe engañarnos, ya que el hecho de que investiguen no significa que las crónicas que escribiesen estuvieran menos politizadas o fueran más reales que las anteriores.

Es aquí, a finales del siglo XVI y principios del XVII cuando aparece una figura muy relevante y a la que es necesario dedicar unas líneas de esta reflexión, ya que con él la historiografía española da un salto importante: el Jesuita Juan de Mariana, quien escribió una Historia de España que se convertiría en un clásico y dominaría el panorama durante 2 siglos y medio. La obra de Mariana, escrita en latín y luego traducida al castellano gracias a una ayuda económica de Felipe III, fue escrita por su interés personal ya que nunca fue cronista real, y buscaba reivindicar el pasado de un “linaje” o “nación” que en ese momento tenía una visión de cierto desprestigio internacional. Podríamos decir que utiliza la historia a modo de resarcir el orgullo colectivo de la “nación española”, conectando lo civil con lo eclesiástico, narrando al mismo tiempo la historia de los reinos y las biografías de los monarcas. Su forma de narrar ciertos aspectos, dando una relevancia tremendamente importante a los monarcas, ofendió a un sector de la nobleza que no veía el reconocimiento merecido a sus grandes familias. La polémica sobre la obra de Mariana fue intensa ya que sus tesis eran innovadoras y desafiantes en un contexto en el que se hablaba sin parar de historia, pero no porque hubiera un interés por conocer lo realmente ocurrido, sino porque esas “historias” eran una fuente de legitimación. Así pues, todas estas críticas le llevaron incluso a ser procesado por la Inquisición en 1609 y recluido en un convento franciscano de Madrid.

No se nos puede escapar la relación que tiene la aparición de la obra de Mariana con la imagen que se tenía de España en el siglo XVI, una imagen fuertemente asimilada a la idea que Julián Juderías llamaría mucho más tarde “Leyenda Negra” y que los historiadores extranjeros no dudaron en extender en sus historias de España. Surgiendo de esto una “indignación patriótica” que generó la creación de una serie de Apologías de España, rechazando así la crítica y reafirmando el valor de la propia historia española, así como su tradición.

Como vemos la crónica fue un instrumento utilizado por los monarcas para diferentes fines en ciertos momentos de la historia, pero también por otros sectores que vieron el poder que la Historia podía proporcionarles. Otro ejemplo de utilización, a modo anecdótico, sería cuando Felipe IV trató de reunir una serie de cronistas para que redactaran escritos que pudieran cambiar los estados de opinión de su corte, intentó cambiar climas negativos a través de un relato favorecedor del pasado para que afectara al presente.

Otro aspecto del que aún no hemos hablado pero que, creo, es de vital importancia es la idea que se tenía del cronista, entendido por aquel que narra el pasado, pero también su presente y por tanto cuenta aquello que realmente es, es decir, es puramente objetivo. En el siglo XVIII cambia esta concepción desconfiando de aquellos que fueron partícipes del hecho histórico. Un ejemplo de esto sería cuando en la Conquista de América encontramos una serie de soldados-cronistas, que según mi opinión no podrían ser imparciales y objetivos, estando de acuerdo con la crítica que Luis Vives hacía de ellos. Una persona que vive un acontecimiento lo vive desde su propia perspectiva, sin tener en cuenta otras que alguien alejado del acontecimiento propio si podría analizar más fríamente.

Sin duda estas experiencias y testimonios nos aporta muchísimos datos y son fundamentales para conocer la Historia, pero deben ser analizados teniendo en cuenta estos aspectos. Como Edward Carr plantea, deberíamos preguntarnos si existe una doble capa de subjetividad, la del testimonio propio y la nuestra ya que “los hechos de la historia nunca nos llegan en estado puro, puesto que ni existen ni pueden existir en una forma pura; siempre hay una refracción al pasar por la mente del que los recoge”.

Todo esto me plantea dudas, dudas que quizás nunca resuelva y que incluso pueden afectar a mi futura vida como historiadora: ¿podré yo ser objetiva?, ¿acaso cuando escriba algún trabajo histórico no podré desprenderme de todo lo que me envuelve y me influye?, ¿me daré cuenta?, ¿se dan cuenta los historiadores cuando dejan huella de sí mismos en sus análisis de la historia?, me gustaría pensar que sí, que uno se da cuenta de lo que hace, cómo lo hace y por qué lo hace, pero ¿es realmente evitable, podré yo evitarlo?, es más, ¿podré incluso conocer bien el pasado si he de basarme en fuentes que están altamente manipuladas como es el caso de las crónicas que hemos visto?, pienso que si entiendo la crónica como fuente y no como Historia quizás sí sea capaz. Si analizo la crónica para profundizar en el momento histórico del cronista, analizando la forma de tratar su pasado y su presente pueda aprender realmente mucho. Así como hacemos con las novelas históricas y el cine histórico, en los que analizados el contexto en el que se desarrolla la obra y su visión del hecho histórico, no analizamos el hecho histórico propiamente, sino el tratamiento que le dan.

En cada época entendemos el pasado de una forma u otra, y la propia forma de ver, entender, escribir y explicar la Historia es también un testimonio y fuente de investigación histórica. Así pues, la crónica, bajo mi punto de vista, debería ser tomada como una fuente de la que extraer ciertos datos y no como una verdadera narración Histórica.

(Juny’16)

 

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¿Qué es, y qué ha sido la CULTURA?

Primero, con la Historia de las Ideas del siglo XVIII y principios del XIX la cultura estaba asociada al pensamiento, a la filosofía y a la ciencia. Los avances y cambios culturales se debían a logros individuales de figuras magistrales.

Con la llegada de Annales y los Marxistas la cultura pasó a ser un hecho inseparable de la acción, asociado esta vez a las actitudes, las creencias religiosas y/o mágicas, las mentalidades colectivas y los sentimientos. La 3r generación de Annales definió la cultura como creencia colectiva o imaginario colectivo.

Más tarde, y a partir de la eclosión de finales de los 70 de nuevas formas historiográficas, se entendió la cultura como un sistema de supervivencia en un mundo lleno de peligros reales e imaginarios, como parte indisociable de la lucha de clases, hasta llegar a entender la cultura, no solo como uno de los niveles de la actividad humana, sino como el filtro a través del cual los individuos y los grupos dan sentido al mundo, y cuya reconstrucción (tarea del historiador) resulta indispensable para entender las sociedades.

Hibridismo Cultural. Burke

(Peter Burke, 2010, Hibridismo Cultural ) «El análisis de nuestra cultural pasada, presente y futura que más me convence es el que predice el advenimiento de un orden nuevo, la formación de nuevos oicotipos, la cristalización de formas novedosas, la reconfiguración de las culturas: la creolitización del mundo»

La obra de Peter Burke, Hibridismo cultural: Reflexiones sobre teoría e historia, se enmarca en la larga trayectoria de uno de los mejores historiadores de las últimas décadas y que plantea, en forma de ensayo, la necesidad de conectar varias tradiciones disciplinares para articular una historia global de la cultura y de la sociedad. Tal como recoge en palabras del propio Burke la historiadora María José del Río Barredo, en el estudio preliminar de 2010 a la obra de dicho autor, «esperemos que una aproximación más global a la historia y a la teoría social se hará más común en un futuro no muy lejano, no solo estudiando el proceso de hibridación cultural, sino también ejemplificándolo», el autor se plantea analiza las mezclas adquiridas por contacto o de forma totalmente inconsciente ampliando el campo geográfico de análisis de la historia en un intento por abarcar de manera total y coherente la cultura europea «en tanto que conjunto de conexiones entre diferentes dimensiones culturales así como las nuevas realidades que emergen de las fusiones, sincretismos y traducción de visiones de mundo distintas». Del Río Barredo revisa, a partir de las influencias que Burke toma de Annales, los textos que produce el historiador en su vida hasta llegar al giro metodológico e investigativo en el que se orienta a los encuentros culturales, a la consideración visual de la cultura como bricolaje y que darán como fruto este ensayo.

Entendemos, por tanto, que se trata de una obra dentro de la tendencia historiográfica de la Historia Global. «El término historia global no sólo es intrigante, sino también arrogante. Intrigante porque captura una parte importante de aquello que ocurre en el mundo en torno a nosotros, y es arrogante porque suena tan rimbombante y parece violar el consejo de que lo pequeño es bello y que el trabajo histórico inicial debe ser estrecho focalizado y basado en una investigación original». Detrás del interés que ha despertado la historia global se encuentran numerosos factores. Algunos obedecen a transformaciones que han experimentado las sociedades contemporáneas, y otros a desarrollos que ha sufrido el conjunto de las ciencias sociales. El interés por la historia global constituye un retorno a las grandes síntesis, pero a diferencia de las viejas historias universales procuran trascender el eurocentrismo abarcando grandes unidades espaciales, tal como vemos en la obra de Burke.

Burke utiliza los diversos valores, percepciones, mentalidades, actitudes características de las culturas más relevantes del planeta (ya que la extensión geográfica de la obra abarcaría su práctica totalidad y, además, en diferentes periodos históricos), llegando incluso a analizar las tesis existentes sobre la realidad actual, para hacernos ver la complejidad y la cantidad de elementos que entran en juego en aquello que denominamos Hibridismo Cultural. El ensayo de Burke está estructurado en 5 grandes partes en las que intenta responder a cuestiones concretas:

1) DIVERSIDAD DE OBJETOS: En este primer apartado Burke nos habla de artefactos, textos, prácticas e incluso de pueblos híbridos, desplegando ejemplos de hibridación de aspectos culturales en campos como la arquitectura, la literatura, las religiones, etc. que nos muestran como en el transcurrir de los años esta mezcla entre culturas se ha venido realizando casi sin percibirla. En algunos casos, como indica el autor, esta mezcla ha sido impuesta a la fuerza, pero en otros se han asimilado conceptos, ritos, palabras o monumentos de forma totalmente involuntaria.

2) DIVERSIDAD TERMINOLÓGICA: En la segunda sección de este ensayo Burke nos expone, nuevamente con numerosos ejemplos de ello, términos que intentan explicar este proceso de Hibridación Cultural tales como: imitación, apropiación, acomodación, mezcla, sincretismo, creolización o criollización, etc. El autor es consciente, y así lo expone, de que el lenguaje es la expresión de múltiples conexiones culturales propiamente y que hay que ser conscientes de la acción humana en esta hibridación y por ello tener en consideración todas las formas que los seres humanos utilizamos para referirnos a este proceso.

3) DIVERSIDAD DE SITUACIONES: Este apartado estudia los contextos y situaciones en los que estos encuentros o mezclas culturales han tenido lugar, y las diversas formas en que esta hibridación se da. Por ejemplo, puede darse en encuentros culturales entre sujetos que tienen el mismo poder y entre sujetos que están supeditados a los otros; otros casos en los que hay culturas con tradiciones más fuertemente arraigadas que otras en las que son más débiles; otro encuentro entre pueblos distintos que juegan el rol de metrópoli o de frontera entre culturas; y un último ejemplo en el que las clases sociales juegan un papel cultural tal que llegan a diferenciarse del resto de clases.

4) DIVERSIDAD DE REACCIONES: En la cuarta sección de la obra el autor se interroga sobre las consecuencias que tiene, y/o han tenido, estos los intercambios culturales. En esta instancia el historiador diseña cuatro tipos de estrategias o escenarios posibles como la Moda de lo Extranjero, la Resistencia, la Purificación Cultural y la Segregación cultural. Todas estas estrategias son eruditamente documentadas por Burke poniendo siempre el énfasis en los procesos de adaptación que estas mismas implican. Respecto a las reacciones Burke nos habla de aceptación, rechazo, segregación y adaptación ejemplificando cada una de ellas nuevamente con gran erudición.

5) DIVERSIDAD DE RESULTADOS: en este último apartado Burke hace una reflexión final en la que nos expone su preocupación por el encuentro de las culturas en el contexto actual de un mundo totalmente globalizado y nos habla de las consecuencias a largo plazo de esta interacción cultural que no deja de sucederse. El autor nos expone cuatro tesis o escenarios finales en que derivarían las culturas del planeta: Homogenización Cultural, Antiglobalización, Disglosia Cultural y Creolización del Mundo. Finalmente Burke nos advierte que nosotros mismos estamos siendo testigos del surgimiento de un nuevo tipo de orden cultural.

Teniendo en cuenta que cuando Burke escribe el libro en 2010 se trata de un momento en el que el post-colonialismo y el hibridismo cultural aparecen como temas formales de estudio no es de extrañar que un historiador cultural como él se interese en este tema de estudio. Para ello se basa en numerosa bibliografía de teóricos culturales (tanto historiadores como antropólogos) de muy diversas nacionalidades, y también en muchos de sus propios libros, ya que él mismo es un referente claro en el tema. El ensayo está plagado de ejemplos muy explícitos que ilustran los conceptos que Burke nos va dando y que hacen muy ameno y entendible el tema, que por otro lado es bastante complejo y extendido. Al estar estructurado el libro en planteamientos diversos que conducen hasta llegar a una posible conclusión o escenario final, el libro resulta un viaje interesante sobre las culturas, las mezclas entre ellas y las evoluciones de las mismas. La cultura, entendida en su sentido amplio, engloba todo aquello que caracteriza a las personas: lenguaje, tradiciones, arquitectura, decoración, alimentación, vestimenta, religión, música, celebraciones, y un largo etc., y son todas estas características las que Burke enumera y ejemplifica para hacernos ver lo complejo que resulta hablar de una cultura concreta en la que hay que tener siempre en cuenta todos estos procesos de encuentros que se dan a lo largo de la historia.

Posiblemente no haya nadie mejor que Burke para tratar este tema quien desde su nacimiento en 1937 en el seno de una familia de recientes inmigrantes, ha vivido esta mezcla cultural en sus propias carnes. Su padre fue un católico irlandés y su madre una judía de origen lituano/polaco, además del bagaje histórico-cultural que el propio Burke ha cosechado en sus años de aprendizaje y que lo han convertido en todo un referente en historia cultural. El libro, indudablemente, nos hace pensar. Y aunque no tengamos la capacidad de Burke para analizar los procesos de intercambio cultural, nos los describe tan explícitamente que es imposible no hacerse una idea. Cuando Burke nos habla de la actualidad y la “americanización” de la cultura o del “efecto Coca-Cola” es imposible no sentir en nuestra propia carne esa homogeneización cultural de la que nos habla. Y es por eso que el libro nos hace pensar, reflexionar sobre nosotros mismos y “nuestra cultura”, aquellas cosas que creemos tan nuestras y que en verdad son fruto de mezclas que nuestros antepasados vivieron, quizás con el mismo rechazo con que hoy día algunos viven la adopción de fiestas típicas americanas, por ejemplo.

Película EL REY PASMADO

El Rey Pasmado es un largometraje ambientando en la corte española del siglo XVII, en concreto en los primeros años del gobierno del rey Felipe IV. Esta película, rodada en 1991, intenta recrear de manera cómica varios aspectos fundamentales de este periodo de la época moderna, el control ideológico que la iglesia cristiana ejercía sobre el comportamiento de las personas, y el régimen de valimiento que se implantó ya con Felipe III, quien decidió delegar la dirección efectiva del Estado en la figura de un valido, encarnado en esta época en Gaspar de Guzmán, III duque de Olivares entre otros títulos, más conocido como conde-duque de Olivares.

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La historia que el director, Imanol Uribe, nos presenta es el descubrimiento, por parte de la corte e iglesia, de que el rey Felipe IV ha pasado la noche con una prostituta. El problema no acaba aquí, sino que, al contemplar el cuerpo desnudo de la prostituta queda encandilado, o pasmado como cita el título, y el rey decide que quiere ver el cuerpo desnudo de su esposa, la reina Isabel de Borbón. Esto en la actualidad no debería asombrarnos, pero en la realidad de la época era algo impermisible por las reglas morales que rigen la conducta de las parejas, y la gente en general, bajo la ley de la Iglesia Católica.

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El siglo XVII fue escenario de la consolidación y afianzamiento de las reformas institucionales y de las propuestas doctrinales iniciadas en el siglo precedente; pero también fue el escenario de la introducción de ideas, conceptos y actitudes que servían de punto de apoyo para las críticas y propuestas racionalistas y reformistas de los ilustrados del siglo XVIII. El proceso de confesionalización al que se vio sometido el mundo occidental significaba su compartimentación geopolítica sobre la base de la adhesión a un determinado credo religioso. Otro aspecto a destacar, que se resalta en la película, es el gran impulso que tomaron las órdenes religiosas, tanto masculinas como femeninas, y la disputa que entre ellas podían. Las órdenes religiosas femeninas ofrecen un interés particular, ya que hasta finales del siglo XVI la vida religiosa femenina era sinónima de clausura; de hecho, mas adelante con las reformas que se acometieron y las nuevas fundaciones que se instauraron fueron casi exclusivamente para reforzar la observancia de unas instituciones que hacían de la vida contemplativa prácticamente la única actividad para las mujeres que deseaba entrar en religión.

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Todo esto se refleja en la película cuando es necesario que se convoque una junta de teólogos para debatir el asunto de la infidelidad del rey, y de su petición de ver desnuda a su mujer. Paralelamente al asunto del rey, el conde-duque de Olivares teme estar siendo castigado por Dios ya que no consigue tener descendencia, es por ello que acude en su ayuda el fraile Villaescusa, quien le hace comportarse de cierta manera y realizar ciertas acciones, vemos aquí la importancia que tenía la religión a la hora de explicar los problemas que podían tener las personas. Todo estaba explicado por la fe, Dios era el responsable tanto de lo bueno como de lo malo, y esa es la impresión que el director intenta hacernos ver, de forma bastante cómica, en la película.
Finalmente, siguiendo el hilo conductor de la película, los reyes obvian las indicaciones de los eclesiásticos, que temen que, si el rey finalmente ve desnuda a la reina, la ira de Dios afecte en varias empresas que tenían en marcha. Lo que vemos realmente es que la negación por parte del valido del rey y otros miembros de la Corte, para que éste no consiga su objetivo, poco tiene que ver con la moralidad, sino más bien con la llegada de la Flota de Indias a Cádiz con todo su cargamento, y con la victoria de las tropas españoles en Flandes, ya que entienden que, para el buen desarrollo de ambas, tanto el rey como la Corte han de comportarse de manera correcta ante los ojos de la Iglesia.

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La llegada de la totalidad de Flota de Indias desde las Américas suponía la inyección de gran cantidad de oro a las arcas reales, por tanto, era un asunto económicamente importante. Por otro lado, la victoria en Flandes suponía ese afán por la búsqueda de la recuperación del prestigio perdido por parte de la monarquía Hispánica en que giraba el gobierno del conde-duque de Olivares y Felipe IV y en intención de mantener la hegemonía.
Felipe IV fue un mecenas de las artes y las fiestas en la Corte, promoviendo la creación literaria, artística y teatral. Los influyentes personajes de la Corte confiaban que el nuevo soberano llevaría a la monarquía hispánica a recuperar el prestigio y poder de tiempos pasados, pero pronto se desvanecieron las expectativas ya que de 1635 a 1665 los resultados, tanto a nivel de política interior como de política exterior, fueron totalmente negativos.

 

Bibliografía y webgrafía
– Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes. http://www.cervantesvirtual.com/bib/historia/monarquia/felipe4.shtml [4/10/2015]

– Elliot, J. H. (1991), El conde-duque de Olivares, Barcelona.

– Floristán A., et al. (2002), Historia Moderna Universal, Planeta, Barcelona.

– Lortz, J. (1982), Historia de la Iglesia en la perspectiva de la historia del pensamiento. II: Edad Moderna y Contemporánea, Madrid.

Instructions and Prayers o De Tristitia Christi de Thomas More

Thomas More, también conocido por su nombre castellanizado Tomás Moro fue un pensador, teólogo, político, humanista y escritor inglés, que fue además poeta, traductor, Lord Canciller de Enrique VIII, profesor de leyes, juez de negocios civiles y abogado.

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Su obra cumbre fue Utopía (1516), en la que aborda problemas sociales de la humanidad, y con la que se ganó el reconocimiento de todos los eruditos de Europa. Uno de sus inspiradores fue su íntimo amigo Erasmo de Róterdam. La redactó durante una de las misiones asignadas por el rey en Amberes.

Además de escritos en defensa de la Iglesia de Roma, también escribió sobre los aspectos más espirituales de la religión. Así, se encuentran escritos como Treatise on the Passion (Tratado sobre la Pasión de Cristo), Treatise on the Blessed Body (Tratado sobre el Cuerpo Santo), Instructions and Prayers o De Tristia Christi (La Agonía de Cristo), redactada este último de su puño y letra en la Torre de Londres, en el tiempo que estuvo confinado antes de su decapitación el 6 de julio de 1535. Este último manuscrito, salvado de la confiscación decretada por Enrique VIII, pasó por voluntad de su hija Margaret a manos españolas y a través de Fray Pedro de Soto, confesor del Emperador Carlos V, fue a parar a Valencia, patria de Luis Vives, amigo íntimo de Moro. Actualmente se conserva dentro de la colección que pertenece al museo del Real Colegio del Corpus Christi de Valencia, y que voy a tener la suerte de poder ver esta tarde!

El rey Enrique VIII se enemistó con Tomás Moro debido a las desavenencias surgidas en torno a la validez de su matrimonio con su esposa Catalina de Aragón que Tomás, como Canciller, apoyaba. Enrique VIII había pedido al Papa la concesión de la nulidad de su matrimonio con Catalina de Aragón y la negativa de éste supuso la ruptura de Inglaterra con la Iglesia de Roma y el nombramiento del rey como cabeza de la Iglesia de Inglaterra.

Las sucesivas negativas de Tomás Moro a aceptar algunos de los deseos del rey acabaron por provocar el rencor de Enrique VIII, que acabó encarcelando a Tomás Moro en la Torre de Londres, tras la negativa de éste a pronunciar el juramento que reconocía a Enrique VIII como cabeza suprema de la Iglesia de Inglaterra, tras la ruptura con Roma.

Finalmente el rey, enojado, mandó juzgar a Moro, quien en un juicio sumario fue acusado de alta traición y condenado a muerte. Fue decapitado una semana después, el 6 de julio de 1535.

La Estética Musical

LA ESTÉTICA MUSICAL

La estética no es si no aquello que puede ser percibido por los sentidos. Baumgarten, filósofo y profesor alemán, dictó el primer curso de estética en 1742. Se encuadró en el esquema filosófico de Wolff, y utilizó el termino Estética para referirse a la Ciencia del Conocimiento Sensible, que al modo de Descartes, interpreta como un práctica inferior. Esta rama de la Filosofía se ocupa de la belleza y de lo bello, y del sentimiento que provoca en los humanos. Su interés se centra en la manifestación artística y proporciona criterios para su análisis y valoración. Es, por tanto, una teoría que analiza, estudia y reflexiona sobre la belleza y sus condiciones.

La estética tiene como objeto el vasto dominio de lo bello […] es la filosofía del arte […] la filosofía de las bellas artes. [Hegel]

Así pues, Baumgarten creó el nombre de la disciplina estética a través del adjetivo griego aisthetike, que surgió a su vez del sustantivo sensación, aisthesis, mostrando con ello que hay un conocimiento seguro de que la belleza existe, pero no un conocimiento cierto de ello. Kant, que inicialmente fue seguidor de la filosofía de Wolff, se hizo valer como textos para sus clases de los libros de Baumgarten, aunque hay que destacar que Kant rechazó el sentido de critica del gusto que Baumgarten daba al término. Por tanto al estudio espitémico de la sensación, Kant lo denominó Estética Trascendental, siendo la parte de la Crítica de la Razón Pura que estudia tanto la caracterización de la sensibilidad, como las formas puras de la intuición/sensibilidad. Cuando en épocas anteriores los filósofos y pensadores se plantean y reflexionan sobre la belleza, no llegan a denominarla como estética, así pues no podríamos hablar de una estética, en cuanto a disciplina filosófica, Griega o Romana.
En este trabajo veremos el cambio que se tiene de esta conciencia de la belleza sonora desde época medieval hasta llegar a la época moderna, donde se instauran ya los primeros valores que tenemos actualmente de esta estética, aunque el concepto como tal no existe aún, si se tiene una conciencia de esa belleza sonora.

EL CAMBIO DE LO MEDIEVAL A LO MODERNO 1- EDAD MEDIA

Durante toda la Edad Media se tiene presente el valor Pitagorico-Platónico de que la música es mejor si no se oye. Debemos cantar, salmodiar y alabar al Señor más con el espíritu que con la voz, esta frase de San Jerónimo hace ver el sentido que se tenía de ello. Así pues, otro teórico, San Agustín, plantea que para el conocimiento, las sensaciones pueden ser necesarias, pero éstas están al nivel mismo de las bestias, como a seres irracionales, y por ello no puede servir de base de ningún conocimiento. Aplica esto mismo a la música en cuanto a que distingue de la interpretación (sensación) y al conocimiento intelectual de la música. Divide así la música en 3 estratos:

• 1r nivel – MUSICA INSTINTIVA – Aquella música que se produce en la Naturaleza de forma instintiva, situada en el nivel más bajo, y la considera totalmente irreflexiva.

• 2n nivel – MUSICA IMITATIVA – Aquella que se produce porque un músico, observando, répite lo que hace otro. Lo denomina repetición mimética del Maestro, no es producto de la razón, sino producto de la memoria. La memoria no es una capacidad exclusiva del ser humano, puesto que las bestias también la poseen, así pues no tendría merito alguno.

• 3r nivel – MUSICA COMO CIENCIA – Ésta es la verdadera música, el conocimiento de las verdades universales. Música como la ciencia del movimiento ordenado, tal como denomina en su tratado MUSICA EST SCIENTIA BENE MODULANDI.

Con todo esto, San Agustín expone que la belleza sensorial no es mala, a modo de justificar la música litúrgica, ya que lo bonito capta la atención de los meros mortales y así prestan mas atención. Además justifica que si todo es reflejo de Dios y además es bien entendida, esta música sonora puede enseñar, declamando con la voz en la liturgia y así sea mas bello aquello que se dice de Dios.
En este mismo sentido encontramos a Boeccio, quien realmente transmitió estas creencias durante toda la Edad Media. En su tratado DE INSTITUTIONE MUSICA, de 5 libros, transmite elaborando todo el saber musical de la antigüedad clásica sin ninguna connotación religiosa, se dedica a recopilar, traducir y ordenar el saber greco-romano. Establece la famosa expresión del Quadrivium como las 4 vías del conocimiento completo (música, aritmética, geometría y astronomía). Establece así también 3 divisiones en cuanto a la música:

• MUSICA INSTRUMENTAL – Música de las cuerdas, tubos y membranas.

• MUSICA HUMANA – La Música del interior, del alma del ser humano. Reflejo de la Armonía del Cosmos y de los números del alma.

• MUSICA MUNDANA – La Música de Cosmos, la Música de las Esferas, el orden propio del universo, tanto del movimiento de los astros como de los ciclos ordenados de la naturaleza.

Ésta será la tendencia que guiará la realización de música en este largo medievo, cristianizando el concepto de la música de las esferas y separando entre música práctica y música teórica, como ciencia y estudio intelectual. La evolución de la teoría musical fue hacia la búsqueda de una teoría nueva capaz de explicar la práctica musical. Así pues surge este cambio y la teórica se conecta con la práctica. Pero esta música sonora debe conocerse bien, ya que es una posible conexión con la música mundana (armonía de las esferas). Plantea así un monje cisterciense, Hucbaldo de SaintArmand, esta necesidad de enseñar música, ya que la música litúrgica es una forma de elevar el alma a verdades superiores. En su tratado MUSICA ENCHIRIADIS se soluciona este conflicto entre música teórica y música práctica, también se basan en el planteamiento de Aristóteles de aprender música como un medio, no como un fin en si mismo.

2- ARS ANTIQUA

De esta manera, casi sin darse cuenta, la música empieza a concebirse como una técnica (ARS), excluyendo así los tratados antiguos que no tenían utilidad práctica, y defendiendo que los tratados de Boeccio solo podrían servir a los filósofos, jamás a los músicos. A todo este periodo de cambios, entre 1170 y 1310 se le denomina ARS ANTIQUA.
Comenzó una nueva división entre la música práctica y la música teoría, pero esta vez desde otra perspectiva, tomando a la música práctica como verdadera música, preocupándose esta vez de estudiar la música que suena, que se escucha. El principal tratado que plantea esta diferencia es INTRODUCTIO MUSICAE de Juan de Garlándia, que defiende esta música real, música que se escucha, y paralelamente se da cuenta que existen los sonidos emitidos por la voz humana y por los instrumentos, de tal forma formula una nueva división de la música:

• MUSICA LLANA – Canto Gregoriano, utilizado en la liturgia.

• MUSICA MENSURAL – Canto en base a unas medidas y proporciones exactas, música basada en los pies métricos (exportados de la poesía), a diferencia del canto de la liturgia.

• MUSICA INSTRUMENTAL – La música de los diversos instrumentos, y busca dignificar esta clase de música defendiendo que el Rey David tocó una melodía instrumental delante del Arca de la Alianza.

Se transforma así la música como ciencia de los sonidos que se oyen. Tanto los producidos con la voz humana, como por instrumentos, manualmente utilizados por humanos. A partir de este periodo, los tratados sobre música, ya no serán tratados filosóficos, serán tratados técnicos de como realizar esta música que se escucha. He aquí el gran cambio de mentalidad tanto para los propios músicos como para los tratadistas, puesto que ahora la técnica música tiene el sentido práctico de la palabra. Dejan de hablar de la música como una serie de sonidos cósmicos, de una serie de análisis matemáticos, si no que hablan de una verdadera ciencia de los sonidos que percibe el hombre, que se escuchan.
Así pues encontramos a otro gran tratadista que encuadramos dentro del ARS ANTIQUA, Johannes Grocheo, que realiza una división que nos deja clara esta nueva visión que se tenía de la música:

• MUSICA SIMPLE – refiriéndose a la música utilizada por el pueblo llano, sin conocimientos exactos, podríamos llamarla música tradicional.

• MUSICA COMPOSITA – refiriéndose a una música mas culta, compuesta en base a unas reglas métricas precisas.

• MUSICA ECLESIASTICA – refiriéndose a una música litúrgica exclusivamente, el canto Gregoriano.

Y es en este punto donde surge la idea que Marchetto de Padua dicta en su tratado LUCIDARIUM, La música es la más bella de todas las artes, no hay nada en mayor consonancia con el hombre que dejarse relajar por los modos dulces y entrar en tensión con los modos contrarios. No existe ninguna edad humana en la que no se experimente agrado frente a una bella melodía. Es así como, poco a poco, vuelve a recuperarse la teoría de los Efectos, en donde la música adquiere la capacidad de afectar a nuestro estado de ánimo, ya que el ser humano capta sensorialmente el sonido, y así, en el S. XIV empieza el periodo conocido como ARS NOVA.

3- ARS NOVA

Es en este punto, donde ya son conscientes de que estaban ante algo nuevo, y como tal necesitaba una técnica nueva. Así constituyen un sistema de medición del tiempo único para la música, ya no les vale utilizar el sistema de pies métrico de la poesía porque se dan cuenta de que no tiene nada que ver la música con la poesía, y la música, siendo la más bella de todas las artes, requiere de una técnica de medición del tiempo exclusiva. Con este tipo nuevo de sistema de medición, podrían solfear cualquier composición aunque no tuviera texto. Es importante remarcar la importancia que tenia el texto anteriormente, pues la música estaba supeditada al texto, es aquí con esta nueva ARS cuando la música y el texto empiezan a separarse, ya que no necesita del texto para entender la medida de las notas.


Con esta mayor complejidad rítmica el texto en la liturgia pasa a ser mucho menos claro, es por ello que en 1323 el Papa Juan XXII se pronunció al respecto y emitió una bula en la que prohibía la realización de esta técnica nueva, para volver al sentido antiguo, en el que la música solo era una mera conductora del texto litúrgico. Esta bula no tuvo efecto real, ya que se siguió utilizando esta nueva técnica en toda Europa en los siglos siguientes. Empezó, por tanto, a plantearse que la armonía musical no era ese equilibrio y orden de los astros y del ser humano, sino que era un adecuado uso de los sonidos, y que esto producía una placidez sonora. Ante esto nos encontramos con Johannes de Muris, cuyos tratados fueron revolucionarios e importantísimos, podríamos comprarar su importancia con la que tuvo Boeccio durante toda la Edad Media. Aunque siempre existió un reducto tradicionalista que se mantuvo sujeto a los valores de la Iglesia, y poco a poco fue resurgiendo y ganando terrero al ARS NOVA, a mediados del S. XVI se volverán a plantear teorías similares al ARS ANTIQUA y durante un periodo de tiempo breve se volvería a hacer uso de esta técnica antigua y la tradición Boecciana donde se defiende la importancia de la matemática y no del sonido como tal, hasta que a mitad del S. XV Tinctoris encamina de nuevo hacia un cambio, esta vez hacia el RENACIMIENTO.

4- RENACIMIENTO

Tinctoris con su tratado DEFINITORIUM MUSICAE, que es una especie de diccionario o libro pedagógico pensado para la infanta Beatriz de Aragón, y trataba de hacer comprensible la música para aquellos que no la estudiaban. Vuelve a plantear que la música es ante todo sonido, y la belleza que produce es sensorial, dejando a parte de nuevo la supeditación del texto. En dicho tratado Tinctoris nos define términos como:

ARMONÍA – placidez producida por los sonidos adecuados.

CONSONANCIA – combinación de diferentes sonidos que producen dulzura en el oído.

DISONANCIA – aquello que ofende al oído, no produce dulzura ni suavidad.

COMPOSITOR – aquel que inventa cualquier melodía.

Los conceptos fundamentalmente matemáticos pasan a ser definidos por los efectos que produce el oído, y surge el concepto de INVENCIÓN (compositor), ya que hasta entonces, el maestro de capilla hacia composiciones sobre un cantus firmus ya existente, (una base dada sobre la que construir la pieza), su trabajo no se valoraba por la innovación, ahora surge esta idea. Así es como la música se encamina hacia el Renacimiento y se introduce el planteamiento de inventar en música, donde interviene la creatividad de la persona individual. El renacimiento es un periodo que empieza en 1420 y supone necesariamente la voluntad de volver a los planteamientos artísticos musicales de la antigüedad clásica, así pues hay un cambio fundamental en algunos círculos intelectuales y económicos, donde querían desprenderse del arte bárbaro (godo) ya que éste, destruía el buen gusto del arte propiamente europeo (clásico). Renace por tanto la tratadista artística, los teóricos escriben sobre las artes plásticas cosa que había desaparecido en la Edad Media. Battista Alberti es uno de estos tratadistas modernos que establecerá conceptos que incluso servirán para la música, establece reglas fijas y universales, funda la pintura sobre la geometría, basa la escultura sobre la aritmética, se busca imitar a la naturaleza como medio para garantizar la perfección artística. El artista, por tanto, debe comprender matemáticamente la naturaleza y sus reglas y como producto del estudio de la naturaleza, la música pasará a ser estudiada por la física, y ya no por la matemática.


Así pues, ante esta cuestión fundamental de la estética en el renacimiento de que el arte, para ser correcto, tendría que imitar los procesos de la naturaleza, surge este principio de imitación de la Naturaleza en el que encontramos a Gioseffo Zarlino, que plantea que para conocer la naturaleza de la música hay que conocer como se realiza el sonido, y la disciplina que estudia el sonido es la acústica (física) y así se da el paso en el que la música deja de ser geometría para ser física, donde se pueda estudiar la vibración del sonido. Encontramos el fenómeno físico-armónico definido por Zarlino como nuevo concepto de armonía donde es la propia naturaleza la que dicta las formas del sonido en base a la física. A partir de los tratados de Zarlino INSTITUCIONES ARMÓNICAS (1558), DEMOSTRACIONES ARMÓNICAS (1571) Y SUPLEMENTOS MUSICALES (1588), hay un gran cambio, se pasa de la música de las esferas a la música de la naturaleza, se deja de pensar en ese concepto metafísico de los medievales para pensar en un fenómeno de la naturaleza, que es demostrable, objetivo y donde podemos conocer sus reglas de ordenación de los sonidos (vibración).


La experiencia de volver a descubrir las antiguas culturas de Grecia y Roma afectó al pensamiento que la gente tenía de la música. Sin duda no era posible el experimentar la misma música antigua, como si podían experimentar la arquitectura, esculturas, poesía… sin embargo, se podrían leer los escritos de los antiguos filósofos, poetas, ensayistas y teóricos de la música que estaban siendo nuevamente traducidos. Los que leían literatura antigua se preguntaban por qué la música de su época no los emocionaba e impulsaba a las diversas pasiones de la misma manera que se decía lo hacía la música antigua. Así pues, se re-descubrieron manuscritos, e incluso llegaron nuevos a Occidente gracias a emigrantes griegos o buscadores italianos entre los que se hallaban tratados de música de Arístides Quintiliano, Ptolomeo, Euclides, Plutarco, incluso también una sección dedicada a la música contenida en los PROBLEMAS del pseudo Aristóteles, el octavo libro de la POLITICA de Aristóteles y diálogos de Platón tales como LA REPUBLICA y LAS LEYES. La creencia de que la elección del modo1 era la clave del compositor para penetrar en las emociones del oyente se vio impulsada por la lectura de estos tratados antiguos, tanto Platón como Aristóteles insistían en los diferentes efectos emocionales producidos por los diversos modos. La leyenda cuenta que Pitágoras fue capaz de calmar a un joven nervioso inclinado a la violencia al hacer que una flautista pasase de un modo a otro, o el relato de Alejandro Magno que, de pronto, abandonó un banquete y se armó para la lucha cuando escucho una melodía del modo frigio. Teóricos y compositores supusieron que estos modos griegos era idénticos a los de la Iglesia, de iguales nombres y que las facultades emocionales de los antiguos podían atribuirse a los modos religiosos.

Sin duda, el efecto más importante que tuvo el humanismo del Renacimiento sobre la música fue el acercarla a las artes literarias. La imagen de un poeta y un músico de la antigüedad clásica unidos en una sola persona invitó tanto a los poetas como a los compositores a buscar una meta expresiva común. Los primeros se preocuparon más del sonido de sus versos y los segundos de imitar dicho sonido. Se buscaron nuevos senderos para dramatizar el el contenido de un texto, se convirtió en regla el que los compositores siguieran el ritmo del habla y no violasen la acentuación lógica de las sílabas. Estos cambios de perspectiva que hicieron que la música resultase más atractiva de manera directa y cargada de significado para los oyentes, no ocurrieron de manera simultanea, si no a lo largo de todo el período del Renacimiento, de 1450 a 1600. Debido a los rápidos cambios que sufrió la música durante este siglo y medio no resulta posible definir el estilo musical de Renacimiento. Este movimiento tuvo un carácter más general dentro del mundo de la cultura y la forma de pensar que el de ser un grupo especifico de técnicas musicales. Un modo griego es una organización de sonidos descendentes (que van de un sonido agudo a uno más grave) estableciendo distancias de tono o medio tono entre los siete sonidos que lo conforman. Los modos griegos establecen los fundamentos teóricos para lo que se denomina posteriormente escalas musicales. Existen 4 tipos de modos: Dórico, Frigio, Lidio y Mixolidio, de los cuales derivan 4 más: hipodórico, hipofrigio, hipolidio e hipomixolidio. Durante la Edad Media se llevó a cabo una reorganización del sistema modal, de tal manera que los modos pasaron a ser ascendentes. Se les llama también Modos eclesiásticos o gregorianos por ser utilizados en el canto litúrgico. En cualquier caso, el sistema medieval no debe confundirse con los antiguos modos griegos, que son en realidad “escalas tipo” inseparables de fórmulas características.

CONCLUSIÓN

Tal como hemos visto, hay un cambio de pensamiento en el transcurso de la Edad Media, que se intensifica aún más con la llegada del Renacimiento. Abandonando la idea metafísica de que el sonido representa a Dios, de que ha de honrar a Dios, se van abriendo las puertas a un nuevo sentido musical, más cercano al que conocemos hoy en día, aunque si es cierto que hoy se entiende como “música” cualquier tipo de sonido (ruido), y puede que hayamos desvirtuado un poco la idea que se tenía tan solo hace 2 siglos de la estética musical o simplemente, de la música.
Volviendo a la época Renacentista, me gustaría destacar un texto del tratado Instituciones Armónicas de Zarlino, en el que deja clara esta visión de cambio, y donde además alaga a su Maestro Adrián Willaert, fundador de la Escuela Veneciana de Música, quien fue uno de los mayores representantes de la generación de compositores de la música franco-flamenca y además fue el Maestro de Capilla de la Basílica de San Marco en Venecia. En dicho texto destaca esa necesidad de volver a una música primitiva y verdadera, tal como refleja, en todos los ámbitos, el concepto de Renacimiento.

Bien fuera debido a la época desfavorable o a la negligencia de los hombres que no sólo tenían poca estima por la música, sino también por los demás estudios, lo cierto es que la música cayó desde la cumbre suprema en que una vez se a considero a las profundidades más abyectas. Bien fuera porque en otra época se le otorgase un honor increíble, lo cierto es que, más adelante, se la consideró tan baja y digna de desprecio y de tan poco valor que los hombres eruditos apenas si reconocían su existencia. Me parece que todo esto ocurrió debido a que la música no conservó ni una parte ni un vestigio de la honrada severidad que una vez tuvo. Por consiguiente, todo el mundo se sentía contento con descuartizarla y tratarla de la peor manera con muchos hábitos viles. A pesar de todo, a Dios todopoderoso le resulta agradable que su infinito poder, sabiduría y bondad se vean ensalzados y sean manifestados a los hombres mediante himnos acompañados por graciosos y dulces acentos. Así le pareció que no podía tolerar que este arte que sirve para adorarle fuese considerado tan abominablemente, ya que aquí debajo se reconoce toda la dulzura que puede hallarse en la canción de los ángeles que en el cielo elogian su majestad. Por ello, accedió a agraciar a nuestra época con el nacimiento de Adrián Willaert, en realidad uno de los genios más singulares que jamás ha existido en la práctica musical. A la guisa de un nuevo Pitágoras y tras examinar minuciosamente lo que la música necesitaba y hallar infinidad de errores, comenzó a eliminarlos y a devolver a la música el honor y dignidad que una vez tuvo y que razonablemente debía tener. Demostró la existencia de un orden racional para componer toda pieza musical con estilo elegante, claros modelos de lo cual nos otorgó sus propias composiciones.
INSTITUCIONES ARMÓNICAS, G. Zarlino, (Venecia, 1558), parte 1, capitulo 1, pp.1-2.

BIBLIOGRAFÍA
• Copleston, F.C., Historia de la Filosofía. (edición en Castellano) 2000-2004, Barcelona, Editorial Ariel.

• Fubini, E., La estética musical desde la Antigüedad hasta el Siglo XX. (edición en Castellano) 2005, Madrid, Alianza Musical.

• Grout, D. J. y Palisca, C.V. , Historia de la música occidental, (edición en Castellano) 1984, Madrid, Alianza Musical.

• Quintás Alonso, G. (ed.), Términos y usos del lenguaje Filosófico, 2002, Valencia, Colección: Filosofía. Las propuestas en sus textos. Universidad de Valencia.

La Kermesse heroica

La Kermesse heroica es una comedia francesa ambientada en el siglo XVII en una pequeña villa de Flandes, en esa época bajo dominio español. Sin dejar de valorar el carácter satírico que caracteriza la obra, en la que su autor, Jacques Feyder, trata el tema del valor, el honor y la guerra de una forma muy cómica, esta película de 1935 nos sitúa en un contexto histórico de guerra. La Guerra de Flandes.

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Esta lucha enfrentó a 17 provincias de los Países Bajos contra la Monarquía Hispánica y duró desde 1568 hasta 1648. Es en el transcurso de este periodo en el que se ambienta la película, en concreto en el año 1616 cuando un batallón de tercios españoles, capitaneados por Pedro de Guzmán, I duque de Olivares, informan a la villa de Boom que ha de acogerlos durante una noche.
La llamada Guerra de los Ochenta Años por la historiografía neerlandesa, era determinante para la conservación, no sólo de un patrimonio muy significativo de los monarcas españoles de la Casa de Austria, sino también para la propia estructura económica, política y estratégica de la Monarquía Hispánica. Las rutas de abastecimiento de productos de lujo como textiles, tapices, libros, grabados y pinturas entre otros y el abastecimiento de grano del Báltico y de materiales esenciales para la construcción naval o para el armamento, pasaban necesariamente por el control de los Países Bajos. Estos ofrecían también un acceso privilegiado a un importante mercado de consumidores urbanos.

Como vemos, el conflicto empezó por la motivación de estas provincias en conseguir su independencia del Imperio Español, motivación finalmente conseguida tras la Paz de Westfalia. Las provincias consiguieron no solo su independencia, sino un auge económico y cultural, y un gran prestigio para su armada y flota mercante. Sin embargo, para España esta independencia supuso todo lo contrario; una gran pérdida de prestigio y una desestabilidad económica que llevó a la caída de la economía española.

Los siglos de la Alta Edad Moderna fueron tiempos de intensos conflictos. Se ha calculado que en el siglo XVI hubo menos de diez años de completa paz, y que en el siglo XVII sólo hubo cuatro. Indudablemente en esta época se fortaleció el vínculo entre la acción de la guerra y la estructura del estado, pues la construcción y el mantenimiento de grandes ejércitos desarrolló tesorerías y sistemas fisco-financieros, órganos de administración y de gobierno. Las innovaciones militares experimentadas en la forma de hacer la guerra desde el siglo XV tuvieron un fuerte impacto en la vida económica, política y social de la Europa del Renacimiento.

Ya Nicolás Maquiavelo en su Arte de la guerra (1520-1521) percibió estos cambios y vaticinó algunas de sus consecuencias. Para el florentino, las victorias de los piqueros suizos sobre la caballería borgoñona de Carlos el Temerario contenían una doble lección: la infantería había derrotado a la caballería y la cantidad había superado a la calidad. En la película puede apreciarse el detalle de la cantidad de infantería de las tropas del Duque de Olivares. El crecimiento del tamaño de los ejércitos fue debido a las innovaciones tácticas y estratégicas que primaron a las concentraciones masivas de tropas, y fue posibilitado por unos estados que iban incrementando paulatinamente sus capacidades de movilización, organización, avituallamiento y paga, para disponer de fuerzas semejantes.

Un hecho característico, que es el que da origen al argumento de la película, es la costumbre del alojamiento de las tropas durante el Antiguo Régimen. Aunque está aún poco estudiada por la historiografía española, sí sabemos que creó una importante conflictividad entre la sociedad y el ejército. Los habitantes de Boom intentan evitar, a toda costa, que las tropas del Conde de Olivares pasen la noche en su villa, tal es su afán que incluso el burgomaestre se hace pasar por muerto. Aunque en la película se trata el tema de manera bastante cómica, y al final acaba siendo una “gran noche” para algunos de los personajes, el hecho de montar toda la parafernalia para evitar esa estancia nos hace ver este carácter conflictivo que tendría el alojamiento y alimentación de los ejércitos, ya que no existían cuarteles (que no se empezaron a construir hasta el siglo XVIII en España y Europa) y las autoridades militares tenían serios problemas para alojar a las tropas en movimiento, sobre todo cuando se trataba de contingentes de gran tamaño.

El promedio de efectivos del ejército de Flandes durante la mayor parte de la Guerra de los Ochenta Años fue de 65.000 hombres, aunque en algunos momentos llegó a contar hasta con 85.000. En su mayor parte, estaba compuesto por tropas alemanas y de los Países Bajos, con contingentes menores de infantería española, italiana, borgoñona y británica. Los contingentes españoles e italianos llegaban a Flandes a través del llamado camino español, que partía por mar desde Valencia o Barcelona para desembarcar en Sicilia o Nápoles y remontar a pie la península italiana hasta los pasos de los Alpes a través del territorio de Suiza, para luego seguir camino hacia el norte por el curso del río Rin. Del alto coste que suponía el hecho de poner una pica en Flandes deriva el uso de la expresión actual en castellano.

Así pues, en la película podemos ver reflejados diferentes aspectos, tanto de la sociedad del Antiguo Régimen, como de la organización y movimiento de los ejércitos europeos en las numerosas contiendas que se dieron en los siglos de la Edad Moderna, de una forma cómica y en cierta manera, con un alegato feminista, que no dejó indiferentes a los espectadores de 1936 cuando, por ejemplo, fue estrenada en España (siendo prohibida posteriormente durante la dictadura).
Bibliografía
– Alcalá-Zamora y Queipo de Llano, J. (2001): España, Flandes y el Mar del Norte (1618-1639), Planeta, Madrid.

– Cascarro Martínez, A. (2010), Conflictos y sociedades en la historia de Castilla y León, Universidad de Valladolid.

– Floristán A., et al. (2002), Historia Moderna Universal, Planeta, Barcelona.

– Parker G., (1986), La revolución militar, 1560-1660. ¿Un mito?, Madrid.

– Parker G., (2010). El ejército de Flandes y el Camino Español, 1567–1659, Alianza Editorial, Madrid.

INTRODUCCIÓN A LA EDAD MODERNA

Mi primera colaboración en el blog historiae.

Historiae

Artículo escrito por Inma Valerde López

Cuando hablamos de Edad Moderna hemos de pensar en el periodo que va desde la conquista de Constantinopla por los turcos en 1453 (fin del Imperio Romano de Oriente, ya que el de Occidente, como sabemos, cae en 476) y la Revolución Francesa de 1789. Por tanto, abarca desde la segunda mitad del siglo XV hasta el final del siglo XVIII, 3 siglos y medio en los que, podemos decir claramente, cambia el concepto que se tenía del mundo. Otro hito muy importante que marca el inicio de la Edad Moderna, muy utilizado también por los historiadores, es la invención de la imprenta por Johanes Gutenberg, orfebre alemán, entre 1440 y 1450.

El término Edad Moderna es una denominación convencional, toda periodización histórica puede ser criticada y esta tiene variantes según países. En nuestro país se ha escogido para esta periodización el reinado…

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Fragmento del libro de Peter Burke, Hibridismo Cultural. Allá cada uno entienda, buenamente, lo que aquí copio.

Freud acuñó una expresión que describe magníficamente lo que vemos que está ocurriendo en muchas zonas del mundo: el <<narcisismo de las pequeñas diferencias>>. Contamos con un ejemplo tópico que tiene una larga historia: el de los católicos y los protestantes del norte de Irlanda. Son dos grupos que comparten el mismo territorio y cuyas culturas tienen tanto en común que la gente de fuera le resulta difícil distinguirlos. Sin embargo, insisten en tratarse mutuamente como si estuvieran ante el otro, lo opuesto a uno mismo.

El antropólogo holandés Anton Blok se muestra de acuerdo con Freud y añade que  la amenaza de la pérdida de las indentidades tradicionales que dospara el narcisismo suele ir acompañada del desencadenamiento de la violencia contra el otro. El sociólogo inglés Anthony Cohen afirma algo parecido: <<La expresión simbólica de la comunidad y sus límites aumenta en importancia a medida que se va disolviendo, difuminando o debilitando de cualquier otra forma, los vínculos geosociales de esta comunidad>>.

En otras palabras, es una reacción fuerte pero puede que no dure más que unas cuentas décadas. En último término es una resistencia condenada al fracaso en el sentido que le dan los resistentes: es imposible detener el avance de la historia y dar marcha atrás para recuperar el pasado.

exigit sincerae devotionis affectus

El Santo Oficio, instaurado en 1478 por una bula de Sixto IV que daba a los Reyes Católicos poder para reprimir a judeoconversos y herejes, fue abolido por Napoleón en diciembre de 1808. Durante más de tres siglos, la Inquisición persiguió a judaizantes, disidentes, visionarios y cualquier desviado de la ortodoxia política y religiosa.

Asociada a la imagen más negativa de la Historia de España durante la Edad Moderna, la Inquisición era una institución despreciada, temida y ridiculizada allende de nuestras fronteras. Su carácter simbólico no escapó a los fines propagandísticos de los invasores franceses y no fue casual que fuera Napoleón quien anunciara su disolución. Con este gesto, el Emperador quiso dar un carácter ilustrado y modernizador a su invasión peninsular. Por ello también, por su simbología, el Santo Oficio fue restablecido por Fernando VII a su vuelta del exilio, aunque ya fue decayendo hasta que fue enterrado definitivamente en el Trienio Liberal.

La Inquisición ya existía antes de su implantación en España, pero fueron los Reyes Catolicos quienes la transformaron en un pilar del trono, para eliminar la disidencia tanto religiosa como política. Bajo la casa de Austria, la Inquisición fue responsable, también, de vigilar a los intelectuales, perseguir la brujería y cualquier conducta sexual desviada de la heterodoxia, a parte de ocuparse de forma prioritaria del complejo problema judío y converso.