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ENSAYO BIBLIOGRÁFICO: EL “DESASTRE” DEL 98 Y EL PESIMISMO ESPAÑOL DURANTE EL SIGLO XX.

  • Santos JULIÁ (coord.) et al.: Debates en torno al 98: Estado, Sociedad y Política, Madrid, Consejería de Educación, 1998.
  • Rafael NUÑÉZ FLORENCIO: El peso del pesimismo. Del 98 al desencanto, Madrid, Marcial Pons, 2010.

Introducción sobre ambos libros, hecho histórico y autores.

Los dos libros a tratar en este ensayo biográfico son, en primer lugar, un volumen donde se reúnen 7 conferencias sobre la significación del 98 con el título Debates en torno al 98: Estado, Sociedad y Política, realizado en 1998 con motivo del centenario de la pérdida de las últimas colonias y de la derrota frente a Estados Unidos. Este libro está coordinado por Santos Juliá, que será a quien tomaremos como referencia para el análisis y comparación con el otro libro, en este caso de Rafal Núñez Florencio. Este segundo libro titulado El peso del pesimismo. Del 98 al desencanto de 2010 traza un cuadro general del pesimismo como actitud de grupo en diferentes épocas, analizando las diversas manifestaciones pesimistas de la reciente historia española.

Ambos volúmenes toman como base el conflicto bélico de 1898 entre España y los Estados Unidos, en el cual España fue derrotada perdiendo la isla de Cuba, Puerto Rico, Filipinas y Guam. El resto de posesiones españolas del Extremo Oriente fueron vendidas al Imperio Alemán mediante un tratado al año siguiente, desprendiéndose por tanto de Marianas, Palaos y las Carolinas. Estos hechos provocaron en la sociedad contemporánea un sentimiento de fracaso absoluto, motivados por otros problemas que más adelante abordaremos. Este es el tema en torno al que ambos libros construyen su discurso, ese sentimiento de fracaso, esa idea fatalista y pesimista de que España había tocado fondo. Ambos libros nos exponen estas ideas de forma muy diferente, pues uno se basará en lo meramente político para entender todo este proceso, y el otro se basará en todo lo relacionado con la cultura y la sociedad de la época.

En cuanto a los autores, Rafael Núñez Florencio es Doctor en Historia (Especialidad Historia Contemporánea) y profesor de Filosofía (Didáctica e Historia del Pensamiento) y tiene, además de la aquí mencionada, numerosas obras relacionadas con este mismo tema como son: Tal como éramos. España hace un siglo (1998), Sol y Sangre. La imagen de España en el mundo (2001), Hollada piel de toro. Del sentimiento de la naturaleza a la construcción nacional del paisaje (2005), en cuyos volúmenes trata de esbozar una visión del conjunto de la España de 1898, luego una imagen de España desde finales del siglo XVIII a comienzos del XIX, para acabar profundizando, en el último libro mencionado, en la percepción interna de la propia visión de los españoles del propio territorio. Finalmente, como él mismo lo anuncia, El peso del pesimismo. Del 98 al desencanto es la culminación a todo esto que ha ido investigando, analizando de manera muy minuciosa y con decenas de ejemplos de autores y artistas la impronta real que tuvo ese pesimismo de España.

El otro volumen, que, como hemos dicho es un compendio de ponencias de una conferencia convocada en el Círculo de Bellas Artes por la Consejería de Educación y Cultura de la Comunidad de Madrid, ocupándose de forma monográfica del Estado, la política y la cultura política en relación con 1898 y sus consecuencias en los años siguientes. Consta, por tanto, de varios autores como son: José María Jover, Juan Pablo Fusi, José Álvarez Junco, Teresa Carnero, Carlos Serrano, Borja de Riquer i Permanyer y Santos Juliá. Todos ellos de incuestionable peso específico en esta materia y de los cuales no hablaremos individualmente para no alargar en exceso esta introducción. Nos centraremos en la figura de Santos Juliá, además de por ser el coordinador del libro, por ser autor de numerosos trabajos sobre historia política y social de España que tanta relevancia tienen. Es doctor en Ciencias Políticas y Sociología, además de Catedrático del Departamento de Historia Social y del Pensamiento Político de la UNED. Ha escrito publicaciones como Un siglo de España: Política y Sociedad (1999), o Historias de las dos Españas (2004), por el que recibió ese año el Premio Nacional de Historia de España, además de numerosos artículos en el que destacaré Anomalía, dolor y fracaso de España (1997) en el que trata muy a fondo el tema que ocupa a este ensayo bibliográfico. No podemos dejar de mencionar a Juan Pablo Fusi autor de El desafío de la Modernidad donde se trata el tema de si España fue un país normal o si, verdaderamente, fue un país que sufrió un fracaso tras otro.

Características comunes.

En cuanto a las características que ofrecen ambos libros y son comunes o similares destacaremos en primer lugar que ambos se posicionan en la idea de normalidad en el desarrollo de la historia de España típica de la corriente historiográfica del momento. Ambos conceden a la idea de decadencia un aura de mito o de instrumento ideológico e instan a su revisión. Ambos libros posicionan esta idea de crisis en la conciencia nacional que lleva al derrotismo sobre los intelectuales quienes escriben muchísimo sobre ello e impregnan a la sociedad de su decadencia. Estos intelectuales son aquellos “que se presentan a sí mismos como tales o a quienes la opinión pública como tales reconoce”[1] y que participaron en debates públicos en donde se solicitaba su opinión, aunque eran ignorados por los políticos. Sin embargo, el público no los ignoraba, e incluso se podría decir que los tenían mitificados. Ambos libros los describen como un ser “impelido por el papel que le tocaba desempeñar, que mantenía con frecuencia una crítica inmisericorde y adoptaba una actitud displicente, descreída, cuando no abiertamente catastrofista”[2] en donde se entiende que el intelectual regeneracionista se encontraba como representante de un rol en el que debía jugar el papel de profeta del pesimismo y el desastre de España. Es decir, utilizando un término actual, que actuaban con cierto “postureo” en donde ellos mismos llegaban a creerse ese derrotismo y esa necesidad de regeneración, ya que como expresa Valera y recoge Juliá en su trabajo: “quien aspira a regenerarse empieza por creerse degenerado”[3]. Ambos libros nos muestran a estos intelectuales plagados de un sentimiento de angustia moral ante la crisis, y que no llaman al pueblo a la acción, ni se asocian, ni exigen elecciones, simplemente protestan a modo de lamento. Y sería ésta generación del 98, generación de intelectuales, la que enarbolo la idea de decadencia y fracaso que se extendió durante varios años, que expandió la idea de la degeneración de la raza y la muerte de la nación.

La idea de rechazo y revisión a esta decadencia y a este fracaso, visible en ambos libros es matizada por Núñez cuando nos expone que Fusi habla, ya no de un fracaso, sino de un éxito. Se analizan en ambos libros como España fue un país con un desarrollo económico y político normal y comparable al resto de países de la Europa de ese momento. Ambos libros inciden en la idea de que los del 98 “inventaron una España rural, moribunda, fracasada”[4], aunque Núñez va más allá y nos advierte del peligro del péndulo, de caer en una estimación diametralmente opuesta sustituyendo el mito del fracaso por una estela de relativos éxitos. Recalcan ambos libros la idea de que el pesimismo, en todas sus formas, ha sido una constante en la sociedad española.

También desde ambos libros se nos dibuja la idea de la política exterior concebida como un fracaso permanente, al ser básicamente un “juego de diplomacia controlado por el ultimátum, el acuerdo de reparto y el tratado de garantía que podría explicar la presencia, en el año mencionado (1898), de un determinado clima de psicología colectiva no enteramente coincidente con el tan repetido pesimismo. Sino más bien con el sentimiento de riesgo indefinido que resulta, en la opinión pública, de la práctica de una diplomacia secreta”[5] lo que causa una falta de confianza y de fe en el Estado.

Núñez establece que el pesimismo es un rasgo definitorio de España del siglo XX, pero no lo atribuye exclusivamente a este tiempo ni a este país, remarca que desde el siglo XVIII la cultura española ha sido para nosotros más problemática que la cultura francesa para los franceses, pero pese a esto no hay una especificidad, al igual que remarca Fusi en su entrada que la sincronía con la evolución histórica de Portugal, España e Italia es evidente y que “habrá, pues, que concluir que la realidad política de la España de 1876-1914 no era excepcional ni anormalmente distinta de la realidad europea de esos mismos años”[6].

También es significativo remarcar que esta obsesión por la degeneración no puede, ni debe, vincularse a un acontecimiento único ni tampoco pensarse como moda y ambos libros recalcan que “venía de antes, de la multitud de informes sobre los efectos que la introducción del maquinismo y las grandes fábricas producía entre la nueva clase trabajadora […] ningún ejército vencido y derrotado ha presentado un espectáculo más lamentable que el ejército industrial triunfante. Esa población degradada y corrompida formando una masa de hombres golpeada sin piedad por la viciosa constitución de la de la industria”[7]. “Vincular esta degeneración o decadencia tan sólo a nuestro 98 constituye un reduccionismo insostenible”[8] ya que podríamos definir una decadencia tradicional y una moderna, en el caso de la primera en donde podríamos enlazar directamente con la Leyenda Negra española como base de ella: “Es la España negra, una determinada España de las tenebrosas mazmorras de Felipe II y de los oscuros ropajes inquisitoriales, la España que da lugar a la Leyenda Negra, el país retratado en los ágiles trazos de Goya, la nación del luto cotidiano o solemne, sacro y profano, de Bernarda Alba a las procesiones de la Semana Santa. En cierto modo estaríamos en una continuación o complemento de la España esperpéntica, un país que, cuando no vive esas convulsiones, goza de la paz… de los cementerios”[9].

Otro tema que tratan ambos libros es la irrupción del catalanismo en la política española como “reacción catalana ante el desastre elaborando proyectos de intervención en la política española, con el objetivo de abrir el juego político, de acabar con el nocivo sistema del turno, para así, finalmente, poder reformar el Estado y adecuado a la realidad, o realidades, sociales”[10]. Así se refleja también en la obra de Núñez cuando nos anuncia que Maragall dice que: “España ha llegado a tal punto de debilidad y decaimiento, que ni siquiera le restan fuerzas para mantener despierto su instinto de conservación; ni siquiera puede extranjerizarse”[11]. Describen el catalanismo como resultado o corolario inevitable de los errores de la política en Madrid. Tema que Núñez explota más en su libro con la idea de la decadencia del territorio y el abandono de la tierra que sufre Castilla.

Pero este tema del nacionalismo no es exclusivamente español ya que “nacionalismo y nacionalidades fueron el problema esencian de los imperios ruso, austro-húngaro y otomano entre 1860 y 1914”[12], lo que pasa es que desde la España de finales del siglo XIX se pensaba que “lo que distingue a las grandes naciones como Francia e Inglaterra es la unidad, pero la cuestión es que los españoles no hemos sabido unirnos. Divididos estábamos cuando nuestros triunfos por todo el mundo y divididos seguimos”[13]. Dejando así claro el paralelismo entre la política española y buena parte de la política europea, base en este revisionismo sobre el “desastre español” y ya de paso en el paradigma de la débil nacionalización superado ya.

Así pues, vemos que en ambos libros la idea de excepcionalidad del caso español queda totalmente descartada, además rechazando las 3 posibles interpretaciones que habían estado gravitando sobre la visión de la España contemporánea anteriormente:

  • El estereotipo romántico, forjado en torno a 1830-1840 que presentaba a España como un país trágico y dramático.
  • La idea de España como problema creada por la generación del 98 que hemos mencionado anteriormente.
  • Y las interpretaciones historiográficas excepcionalitas de Sánchez Albornoz o Américo Castro.

Diferencias significativas.

En cuanto a las características que hacen diferente estos dos libros la más destacable es el soporte político en el que se basan los debates coordinados por Juliá, contrastando con el cultural con el que se basa el libro de Núñez. En la compilación de ponencias encontramos monografías diversas que nos hablan del Estado Español como hace Fusi, de la cultura política del momento como lo hace Álvarez Junco, del sistema de partidos y parlamento como lo hace Teresa Carnero, de las oposiciones antisistema existentes en ese momento como lo hace Carlos Serrano, de la irrupción del catalanismo en la política española como lo hace Riquer i Permanyer. Sin embargo, Núñez, como filósofo que es, nos habla de melancolía, de decadencia, de abulia, de desastres, de desolación, de quijotismo, de esperpentos, de negrura, de fracaso y de desencanto en donde nos muestra más que el devenir político, las diversas manifestaciones pesimistas que se dan. Con un sinfín de ejemplos literarios y artísticos que nos llevan a entender como este grupo de intelectuales veía lo que pasaba políticamente y lo transmitía a la sociedad. Un mismo enfoque, tratado de forma y con fuentes totalmente distintas.

También cabría destacar la cronología de ambos libros que, aunque no muy separados en el tiempo, se llevan 12 años y es algo significativo. Pero lo que sin duda difiere es la intencionalidad de ambos libros. Por una parte, el volumen coordinado por Juliá busca explicar el fenómeno de la regeneración o de los intelectuales en términos de deslegitimación del sistema político. Por otro lado, Núñez quiere hacernos ver este fenómeno como una actitud de grupo y un espejo de la época, que, aunque estrechamente ligadas a las actuaciones políticas toman otro cariz desde la visión de Núñez.

En el volumen Debates en torno al 98: Estado, Sociedad y Política, menos la intervención del propio Santos Juliá, ningún otro ponente nombra a los intelectuales ni se basan en sus escritos para explicar ese opinión o sentimiento de decadencia. Sin embargo, Núñez utiliza, en todo su libro, a estos intelectuales y hace referencias constantemente a sus escritos. Incluso nombra a pintores que expresaron eso mismo con imágenes, adjuntando en el libro las imágenes pertinentes. Como vemos son dos fuentes diferentes que caracterizan uno y otro volumen.

Es evidente que no estamos tratando dos volúmenes creados de la misma forma, es decir, el libro de Núñez es en sí un libro, creado de principio a fin por el propio autor con una idea clara de cómo iba a desarrollarse en general, con unos puntos claros, una conclusión clara y una línea cronológica y temática. Sin embargo, el otro volumen es un compendio de ideas de historiadores completamente diferentes y que son reproducidas de lo dicho en las conferencias, menos en el caso del texto del profesor José María Jover, que prefirió reeditar y publicar su trabajo. Es por ello que no tiene un sentido de conjunto, pese a que tratan el mismo tema. La motivación que llevó a estos 7 conferenciantes a pronunciarse sobre este tema es la participación en el debate sobre la significación del 98 en la sociedad y en la política española, en el aniversario de la fecha. Entendiendo que son expertos y, por supuesto, han realizado otros trabajos sobre el tema. En cambio, la motivación de Núñez viene de lejos, ya que como hemos dicho en la introducción de este ensayo, no es el primer volumen que dedica a esta cuestión y este libro sirve como colofón a su investigación.

Conclusiones.

Los acontecimientos ocurridos en 1898 marcaron de forma singular el devenir de España, y sin duda han sido fruto de opiniones, debates y controversias, que incluso llegan a nosotros muchos años después. Sin embargo “si escrudiñamos la historia con intención malévola, aunque inconsciente, apenas podrá encontrarse momento ni caso histórico que no resulte deplorable ni alma de pueblo alguno que no aparezca enferma, corrompida y viciada. Pero eso no será por el hecho en sí sino por la mirada que sobre el hecho se proyecta. Si se miran las cosas de otro modo, se percibirían también junto a las miserias, las grandezas, junto a los errores, los aciertos, junto a las maldades, las virtudes”[14]. Viendo esta idea de, podríamos llamar, exageración de los males del pasado, “es normal que se haya supuesto una nueva evaluación del pasado. El peligro ahora es el de caer en una estimación diametralmente opuesta, sustituir el mito de los fracasos en una estela de relativos éxitos”[15].

Podemos concluir después de leer ambos libros que esta idea de fracasos consecutivos que estaba sufriendo, o provocando, España venía fraguándose de antes de 1898, pero que este fue el momento en el que estalló. La idea de regenerar España está ligada a una idea de degeneración ya existente. Es por ello que, como dice Juliá podríamos definir a estos intelectuales que tanto pesar sentían por la España degenerada como anti-liberales, en el sentido que construían un relato reaccionario y autoritario para “salvar España”. Es importante que ahora, con más de un siglo de distancia reevaluemos la situación real de la España de fin de siglo XIX y principio de siglo XX y nos preguntemos si esa idea de pesimismo ha sido una constante en la sociedad española como Núñez afirma y que “ha marcado decisivamente la realidad española de siglo XX, aunque no podemos hablar de cien años de depresión porque no ha habido una continuidad sombría.”[16]

Podemos entender esta idea de la decadencia como un mito, utilizado como instrumento ideológico y sobretodo político, un mito más de los muchos que hay que ayuda a distorsionar el pasado en beneficio de algunos. Este mito de decadencia podemos rastrearlo no solo para la época Contemporánea, sino también para la Moderna siendo utilizados para justificar ciertos comportamientos político, avivados, como es este caso, por toda la literatura pesimista que los intelectuales realizaron, pero también por las crónicas o “historias” escritas por los propios historiadores y/o cronistas para épocas más anteriores. Las revisiones que la historiografía de los últimos años está ejecutando son clave para hacer una historia sin mitos ni tópicos que confundan la verdadera historia. Salvando las distancias, cabría reflexionar si el momento político y económico que vivimos actualmente junto con el malestar social que existe será interpretado como una continuación de ese pesimismo latente, o si se verá reflejado en el futuro una manipulación o utilización de dicho sentimiento como vemos ahora cuando mirando al pasado.

 

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[1] Santos JULIÁ: “Retóricas de muerte y resurrección: los intelectuales en la crisis de conciencia nacional” en Santos JULIÁ (coord.) et al.: Debates en torno al 98: Estado, Sociedad y Política, Madrid, Consejería de Educación, 1998, pp. 159.

[2] Rafael NUÑÉZ FLORENCIO: El peso del pesimismo. Del 98 al desencanto, Madrid, Marcial Pons, 2010, pp. 39.

[3] Santos JULIÁ: “Retóricas de muerte y resurrección: los intelectuales en la crisis de conciencia nacional” en Santos JULIÁ (coord.) et al.: Debates en torno al 98: Estado, Sociedad y Política, Madrid, Consejería de Educación, 1998, pp. 171.

[4] Rafael NUÑÉZ FLORENCIO: El peso del pesimismo. Del 98 al desencanto, Madrid, Marcial Pons, 2010, pp. 407.

[5] José María JOVER: “Teoría y Práctica de la redistribución” en Santos JULIÁ (coord.) et al.: Debates en torno al 98: Estado, Sociedad y Política, Madrid, Consejería de Educación, 1998, pp. 51-52.

[6] Juan Pablo FUSI: “El estado español en el fin de siglo”, en Ibid., pp. 70.

[7] Santos JULIÁ: “Retóricas de muerte y resurrección”, en Ibid., pp. 164-165.

[8] Rafael NUÑÉZ FLORENCIO: El peso del pesimismo. Del 98 al desencanto, Madrid, Marcial Pons, 2010, pp. 59.

[9] Ibid., pp. 265.

[10] Borja de RIQUER I PERMANYER: “La irrupción del catalanismo” en Santos JULIÁ (coord.) et al.: Debates en torno al 98: Estado, Sociedad y Política, Madrid, Consejería de Educación, 1998, pp. 138.

[11] Joan MARAGALL: “Problemes del día. Artícles” en Obres Completes, vol. XVII, Barcelona, 1934. Pp.73-74.

[12] Juan Pablo FUSI: “El estado español en el fin de siglo”, en Santos JULIÁ (coord.) et al.: Debates en torno al 98: Estado, Sociedad y Política, Madrid, Consejería de Educación, 1998, pp. 63.

[13] Rafael NUÑÉZ FLORENCIO: El peso del pesimismo. Del 98 al desencanto, Madrid, Marcial Pons, 2010, pp. 64-65.

[14] Santos JULIÁ: “Retóricas de muerte y resurrección”, en Santos JULIÁ (coord.) et al.: Debates en torno al 98: Estado, Sociedad y Política, Madrid, Consejería de Educación, 1998, pp. 171.

[15] Rafael NUÑÉZ FLORENCIO: El peso del pesimismo. Del 98 al desencanto, Madrid, Marcial Pons, 2010, pp. 437.

[16] Ibid., pp 439.

 

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